Según reportes de los medios de prensa, una gran fuerza militar israelí, respaldada por vehículos blindados, infantería y cuatro excavadoras, se adentró en la ciudad y rodeó el terreno del hospital, iniciando la demolición sistemática de lo que quedaba de su estructura.
Fuentes locales señalaron que se utilizaron explosivos y artefactos colocados dentro del edificio para completar su destrucción, reduciendo el histórico hospital a escombros en pocas horas.
Fundado en 1950, fue durante décadas el principal centro médico de Quneitra y sus alrededores. Durante la ocupación israelí entre 1967 y 1974, sufrió daños significativos, pero sus ruinas se mantuvieron como testigo de la devastación infligida a la ciudad.
Tras la firma del Acuerdo de Separación de 1974 y la retirada israelí, Quneitra quedó casi completamente destruida, y el hospital se convirtió en uno de los pocos vestigios del pasado que sobrevivieron.
Durante las décadas siguientes, las ruinas del hospital se consolidaron como un símbolo de la resistencia siria frente a la ocupación israelí. Numerosas delegaciones extranjeras, incluidos diplomáticos, periodistas y figuras religiosas como el Papa Juan Pablo II en 2001, visitaron el lugar para constatar la magnitud de la destrucción.
La demolición provocó condenas a nivel local, en un contexto de escalada de incursiones israelíes en el sur de Siria, denunciadas como violaciones del alto el fuego y del derecho internacional humanitario.
El Gobierno sirio reiteró su exigencia de que Israel respete los acuerdos de separación de fuerzas y cese de inmediato todas las acciones militares en territorio sirio. El derribo del Hospital del Golán no solo representa la pérdida de un monumento histórico, sino también un golpe simbólico a la memoria colectiva de Quneitra y a los testimonios de los crímenes cometidos durante la ocupación.
El edificio, convertido durante décadas en un emblema de resistencia, deja ahora un vacío que denuncia la persistencia de la agresión israelí en la región.
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