Como felinos acorralados que se niegan a caer, los Azucareros encadenaron otra victoria ante los campeones vigentes y mantuvieron vivo el pulso por el cupo final, una carrera sin red donde cada out pesa como una sentencia.
El calendario no concede treguas: ganar los seis partidos que restan es el único camino para desplazar a Pinar del Río del sitial codiciado.

El duelo se abrió con zarpazos tempranos. Villa Clara atacó desde el inicio y sacudió el marcador con un estallido ofensivo que estremeció las gradas, coronado por un cuadrangular de Mailon Tomás Alfonso con hombres en circulación que marcó el tono de la tarde. Las Tunas respondió con orgullo, pero esta vez el guion no fue una repetición exacta.
A medida que avanzaron los innings, los locales sumaron carreras como quien apila argumentos irrefutables. Batazos oportunos, velocidad en las bases y una alineación encendida ampliaron la ventaja frente a un rival que no dejó de insistir, fiel a su estirpe combativa.
Desde el montículo, el abridor villaclareño Raidel Alfonso templó los nervios y caminó con autoridad seis episodios, mientras su relevo José Carlos Quesada sostuvo la muralla, pese a los intentos finales de los Leñadores, que encontraron oxígeno con un jonrón tardío de Henry Quintero, insuficiente para cambiar el final.
El cierre tuvo aroma épico: el capitán Alfonso, convertido en apagafuegos, sofocó la última amenaza y selló una victoria que no solo suma en la tabla, sino que alimenta la fe azucarera.
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