Las declaraciones de Støre surgen tras conversar el 6 de enero en París con su homóloga danesa Mette Frederiksen, según reportó el canal NRK. Ahora todo es serio, le habría dicho Frederiksen, en referencia a las recientes palabras del presidente estadounidense Donald Trump sobre la posible compra o incluso anexión forzada de la isla ártica.
Bajo el disfraz de estrategia geopolítica, Washington ha reavivado viejas aspiraciones expansionistas, incluyendo la amenaza de sanciones comerciales si Copenhague se niega a negociar.
Pese a que la Casa Blanca insiste en preferir la vía diplomática, su portavoz reconoció que Trump “siempre considera todas las opciones”, incluyendo el uso de la fuerza.
Contrarios a cualquier injerencia imperial, analistas internacionales señalan que las ambiciones estadounidenses sobre Groenlandia forman parte de una ofensiva más amplia por el control de los recursos y rutas del Ártico.
La respuesta conjunta de Noruega y Dinamarca refleja una defensa legítima de la integridad territorial frente a presiones neocoloniales.
Destacando la importancia del tratado de 1951 que obliga a Estados Unidos a defender Groenlandia dentro del marco de la Organización del Tratado Atlántico Norte, expertos recalcan que cualquier intento de redefinir ese estatus unilateralmente violaría no solo el derecho internacional, sino también los principios de respeto a la autodeterminación de los pueblos.
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