El doctor Ahmed Al-Farra, jefe del departamento de pediatría y obstetricia del
Complejo Médico Nasser, en la ciudad de Khan Yunis, advirtió sobre las consecuencias de la guerra en curso y sus repercusiones en la salud de las madres y los niños.
En declaraciones a la prensa, destacó que el hospital registró un aumento mensual significativo en casos de malformaciones congénitas y nacimientos prematuros, especialmente entre las semanas 30 y 36 del embarazo.
La mayoría de los bebés nacen con bajo peso como resultado de la desnutrición de las madres, subrayó.
Explicó que la falta de alimentos saludables y suplementos esenciales, especialmente hierro, dificulta el crecimiento normal del feto y afecta directamente el desarrollo del sistema nervioso, lo que aumenta la probabilidad de deformidades y complicaciones graves de salud después del nacimiento.
Al-Farra señaló que el agua contaminada y el humo resultante de la quema de leña, en ausencia de otras fuentes de energía, también provocan deformaciones.
En ese sentido, detalló que se registraron casos raros e inusuales de deformidades, incluidos tumores congénitos, defectos del corazón y del sistema digestivo, desarrollo cerebral incompleto, además del nacimiento de niños sin ano o con intestinos desconectados.
Algunos bebés mueren a los pocos días de nacer, mientras que otros necesitan intervenciones quirúrgicas urgentes o alimentación intravenosa continua para sobrevivir, lamentó.
Al-Farra reveló un aumento alarmante en las muertes neonatales, con una tasa que pasó de nueve decesos por cada mil nacimientos antes de la guerra a 35 durante los dos años de agresión.
Señaló que la suspensión de los programas de atención prenatal, junto con la falta de dispositivos para detectar defectos congénitos y trastornos genéticos, agravaron la crisis y privaron a miles de madres de atención preventiva básica. El director general del Ministerio de Salud en el enclave costero, Munir Al-Barsh, alertó hace unos días sobre un drástico aumento de los abortos y la caída de las tasas de natalidad como resultado de la crisis que vive el territorio.
Al-Barsh anunció una disminución en el número de recién nacidos de hasta un 40 por ciento anual al pasar de unos 26 mil a 17 mil.
El funcionario atribuyó la caída a “las duras condiciones de vida que enfrentan las embarazadas bajo el asedio y la guerra”.
Además, el bajo peso al nacer se convirtió en un fenómeno generalizado por la desnutrición materna y la falta de suplementos nutricionales esenciales, lo cual afecta directamente la salud de los fetos y los bebés, subrayó.
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