La decisión sobre las obras ganadoras fue tomada a partir de la votación de 20 miembros de su sección de Crítica e Investigación, quienes tuvieron en cuenta la calidad artística y conceptual de las 116 puestas nacionales y 11 de países invitados.
Las triunfadoras se midieron también por su impacto en el panorama escénico nacional durante el año 2025, además de las reseñas críticas aparecidas en diferentes medios de comunicación, escritas por especialistas, que aportaron fundamento estético y valorativo a cada selección.
Los Premios Nacionales fueron para las piezas Faro, de Teatro Andante, de la provincia Granma; Un rastro en las estrellas, de Teatro de Las Estaciones, de Matanzas; El nombre de Juana, de La Habana; Actea–Ópera, de teatro Hubert de Blanck, de La Habana; y Eclipse, de Danza Espiral, también de Matanzas.
Core Meu, de Les Ballets de Monte-Carlo, del Principado de Mónaco; y Gaia 2.0, de la compañía Bakhus, de Francia, se llevaron los premios internacionales; a la vez que el reconocimiento especial fue para Un domingo llamado deseo, de los grupos de teatro El Público y Trotamundo.
Faro, de Teatro Andante, es un espectáculo concebido para calle y plaza que encontró en la Nave Oficio de Isla un espacio ideal, indicó el crítico Omar Valiño, quien consideró que la pieza se erige como un teatro libre y festivo, crítico y afirmativo», que funciona cual «talismán comunitario: luz y refugio de la Isla”.
Por su parte, Un rastro en las estrellas, de Las Estaciones, es un espectáculo-poema de Rubén Darío Salazar, director del grupo y Premio Nacional de Teatro, que entrelaza versos y metáforas con la tradición lírica de Martí y Dora Alonso, poniendo «la poesía en voz de personajes y atmósferas, creando un tejido estético de gran fuerza teatral y musicalidad», al decir del crítico y dramaturgo Ulises Rodríguez Febles.
Dirigida por Osvaldo Doimeadiós y protagonizada por Monse Duany, El nombre de Juana es una obra minimalista que reconstruye la vida de la mujer espectáculo cubana Juana Bacallao “desde un prisma íntimo y electrizante”, resumió la crítica Daimany Blanco. «Es un homenaje a la diva irreverente, que confirma el poder transformador del teatro en su estado más puro”, subrayó.
Actea-Ópera, del grupo Hubert de Blanck, con puesta en escena de la soprano Bárbara Llanes y el dramaturgo y crítico Norge Espinosa, “conjuga canto, actuación y danza en un rescate patrimonial que recontextualiza la acción original en Corinto hacia una Cuba contemporánea», al decir del crítico teatral Noel Bonilla-Chongo.
Eclipse, de Danza Espiral, es una coreografía de Liliam Padrón que explora la memoria, la pérdida y la transparencia poética, donde «la danza se convierte en escultura y gesto dramatúrgico, con una visualidad escénica que integra pantalla y movimiento en diálogo constante», destacó el especialista Roberto Pérez León.
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