En un comunicado, la ONG afirmó que ese país viola de forma flagrante todas las convenciones internacionales sobre los derechos de los niños.
Ellos sufren condiciones de detención muy duras, incluida la privación de ropa y mantas adecuadas en el frío invernal, desnutrición severa, hacinamiento excesivo en las celdas, además de negligencia médica deliberada que amenaza sus vidas, subrayó.
También alertó sobre la prevalencia generalizada de enfermedades infecciosas debido a la falta de higiene y la falta de disponibilidad de tratamientos o atención médica adecuados, lo que tiene un impacto desastroso en su salud física y mental.
Wa’ed consideró que estas prácticas constituyen una tortura sistemática y responsabilizó a las autoridades israelíes por la seguridad y las vidas de los menores palestinos.
Riyad al-Ashqar, director del Centro Palestino de Estudios sobre Prisioneros, reveló esta semana que las fuerzas de seguridad israelíes arrestaron el pasado año a más de 600 niños en los territorios ocupados.
El experto advirtió que con sus acciones, Israel intenta afectar negativamente su bienestar psicológico y físico, y crear una generación débil y temerosa que dudará en resistir la ocupación.
Para ello, apuntó, los organismos de represión ejecutan arrestos, duros interrogatorios y condiciones de detención inhumanas.
Al-Ashqar señaló que las autoridades de ese país hicieron del arresto de niños palestinos un objetivo primordial.
Desde la guerra de 1967, cuando fue ocupada la Franja de Gaza y Cisjordania, más de 55 mil menores fueron detenidos, pero esa campaña se intensificó tras el inicio del nuevo ciclo de violencia, en octubre de 2023, subrayó.
Desde entonces, indicó, aumentaron las medidas de abuso y tortura contra ellos, así como sentencias más severas.
El director de la ONG destacó que cientos de menores palestinos fueron privados de educación como resultado de arrestos repetidos o de su detención durante largos períodos.
Las torturas comienzan desde el primer momento con el asalto de sus casas en la madrugada antes de trasladarlos a centros de investigación que carecen de los requisitos de salud pública más básicos, insistió.
Allí son sometidos a todas las formas de maltratos, abusos, privaciones, hambre, negligencia médica, y golpizas, explicó.
La administración penitenciaria los recluye en secciones y habitaciones inapropiadas para la vida humana, donde carecen de las condiciones mínimas, lo cual crea un entorno propicio para la propagación de enfermedades y epidemias, indicó.
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