Bajo el sol del estadio Augusto César Sandino, la tropa naranja volvió a rugir con autoridad y dejó claro que no piensa soltar el hilo de la esperanza. Con 36 triunfos en su zurrón, el conjunto villaclareño observa ya, entre brumas y promesas, el territorio reservado a los ocho elegidos que disputarán la corona nacional.
La presión, sin embargo, no se disipa. Desde el occidente, los Vegueros de Pinar del Río —dueños de 40 victorias— aguardan cualquier tropiezo felino para lanzarse al abordaje y reclamar su plaza en la fiesta grande. Cada inning, para Villa Clara, se juega como si fuera el último.
Conscientes de esa urgencia, los Leopardos golpearon temprano. Aprovecharon deslices defensivos de los visitantes y combinaron paciencia y contacto para fabricar un racimo inicial que marcó el tono del desafío, ante un Yunier Castillo que nunca encontró la brújula.
El ataque local no dio respiro. Sencillos oportunos, dobles que desgarraron los jardines y una alineación encendida donde destacó Ariel Díaz Paret con tres remolcadas, fueron ampliando la ventaja mientras la grada, cómplice y expectante, celebraba cada carrera como un paso más hacia el sueño.

Desde el montículo, José Carlos Quesada volvió a erigirse en pilar del cuerpo de lanzadores. El derecho trabajó con temple durante seis episodios, contuvo la reacción granmense y sumó su octava victoria del campeonato, consolidándose como uno de los brazos más confiable de su escuadra.
El cerrojo final lo puso Rubén Ortega, dueño absoluto de los últimos tres capítulos, en los que apagó cualquier conato rebelde y selló un triunfo que mantiene viva la llama villaclareña.
La ruta no concede tregua. El próximo martes, en su cuartel general, Villa Clara recibirá a los Toros de Camagüey en una subserie que puede definir destinos: prolongar la esperanza felina o abrirle definitivamente la puerta de la postemporada a Pinar del Río.
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