El Gainbridge Fieldhouse será escenario de un duelo con memorias recientes teñidas de verde: Boston ya doblegó a Indiana dos veces en diciembre (103-95 y 140-122), resultados que pesan como antecedentes y presagio.
Los Pacers llegan heridos y a la vez urgidos. Con apenas ocho triunfos y 31 derrotas, últimos del Este, intentan recomponer su relato tras dos victorias consecutivas. En casa encuentran abrigo; fuera, la carretera les ha sido esquiva, con solo dos éxitos en 18 salidas. La ausencia de Tyrese Halliburton, víctima de una lesión en el tendón de Aquiles, dejó un vacío que aún no cicatriza.
Rick Carlisle apela al pulso de Pascal Siakam, faro ofensivo con 23.6 puntos y 6.8 rebotes por partido, y al oficio de Andrew Nembhard, undécimo de la Liga en asistencias (7), para sostener la esperanza. No olvidan que hace un año tocaron la cima del Este.
Boston, tercero de la Conferencia con balance de 24-14 y racha reciente de 7-3, llega con autoridad de campeón vigente (2024) y sin su estandarte Jayson Tatum, ausente por lesión.
El relevo lo encarna Jaylen Brown, en temporada de consagración con 29.6 puntos por juego, sexto de toda la NBA. El andamiaje se completa con el rebote de Neemias Queta (8.1) y la conducción de Payton Pritchard (5.3 asistencias), bajo la batuta de Joe Mazzulla.
Esta noche, entre memoria y hambre de triunfos, la pelota dictará sentencia: ¿resurrección local o continuidad del dominio celta?
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