No es un partido más: es el cierre abrupto de una fase clasificatoria convulsa y el punto final de una carrera contra el tiempo. El duelo marcará al octavo clasificado a los cuartos de final de la 64 Serie Nacional y completará el mapa definitivo de los playoffs.
Los naranjas llegan impulsados por una remontada tardía y feroz. Ocho triunfos consecutivos los llevaron hasta 39 victorias y los colocaron a la par del umbral pinareño. Ganar significaría empatar el balance de los Vegueros de Pinar del Río y superarlos gracias al enfrentamiento particular; perder, entregar el boleto sin apelación a los más occidentales.
El camino no estuvo libre de sombras. En la recta final, Villa Clara enfrentó a rivales ya sin metas competitivas, algunos golpeados por ausencias y urgencias estructurales. Pero en el béisbol, la obligación no distingue contextos: había que vencer, y el equipo de Ramón Moré lo hizo sin titubeos.
Ciego de Ávila, eliminado, no será convidado de piedra. Su director, Danny Miranda, ha reiterado que los Tigres saldrán a competir con seriedad y respeto al público, defendiendo el honor de casa y el sentido del espectáculo en el cierre del calendario.
Moré, por su parte, apela al carácter. Habla de confianza, de concentración y de no dejarse arrastrar por el ruido externo. En un juego donde cada lanzamiento puede decidir una temporada, el margen de error se reduce a cero.
Tras el último out quedará definido el rival de los Leñadores de Las Tunas y completados los cruces de cuartos de final. Ya esperan Matanzas ante Sancti Spíritus, Holguín frente a Artemisa y Mayabeque contra Industriales.
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