Con estos lanzamientos, que representan aproximadamente el cinco por ciento del total global (317), Rusia ocupó el tercer lugar mundial, detrás de Estados Unidos y China, precisa la nota de Roscosmos.
La industria espacial rusa parece haber establecido un nuevo modelo operativo, más modesto pero estable, caracterizado por la ausencia de grandes accidentes y el mantenimiento de sus programas clave.
La carga de trabajo recayó principalmente en los cohetes Soyuz-2, lanzados desde los cosmódromos de Plesetsk, Baikonur y Vostochni. Más de dos tercios de las misiones tuvieron fines militares o de doble uso, dedicándose al despliegue de satélites de comunicaciones, reconocimiento, observación terrestre e inteligencia electrónica.
Las autoridades, como el vice primer ministro, Denís Mánturov, destacan un cambio de enfoque: aunque el número de lanzamientos es menor, la cantidad de satélites puestos en órbita ha aumentado gracias a los despliegues grupales, priorizando el desarrollo de la infraestructura orbital sobre el mero conteo de cohetes lanzados.
La programación científica incluyó la misión Bion-M y la serie de satélites Ionosfera-M, destinados al monitoreo de la actividad solar. También se lanzaron satélites de observación terrestre.
En el ámbito de la exploración humana, Rusia mantuvo su participación en la Estación Espacial Internacional (EEI) con dos vuelos tripulados y tres misiones de carga.
La principal decisión estratégica del año fue el rediseño de la futura Estación Orbital Rusa, optando por una órbita similar a la de la EEI para reducir riesgos técnicos y financieros, y preservar el uso del cosmódromo de Baikonur.
El principal contratiempo fue un incidente en el cosmódromo de Baikonur en noviembre, donde, a pesar de un lanzamiento exitoso del Soyuz MS-28, la plataforma de despegue sufrió daños que requirieron reparaciones. Este evento subrayó, una vez más, los desafíos de la dependencia de una infraestructura envejecida y de un número limitado de sitios de lanzamiento.
Expertos como el historiador espacial Alexandr Zhelezniakov interpretan estos resultados no como una señal de crisis, sino como la consolidación de unas capacidades reducidas.
Señalan que el crecimiento de la constelación orbital nacional a casi 300 satélites es modesto, pero se da en un contexto de restricciones presupuestarias y sin grandes proyectos prioritarios en marcha. La industria opera de manera estable, pero sin dinamismo.
El futuro de su desarrollo dependerá de que el proyecto nacional Cosmos reciba contenido concreto y recursos adecuados.
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