Texto y fotos: Diony Sanabia
Tras una pregunta de Prensa Latina en la presentación de su libro Del encanto de la pantalla al encuentro con el lado más humano, en el Centro Cultural de esta capital, Barros recurrió a una experiencia personal en el Foro Social Mundial de 2006, en Caracas, para exponer su mirada sobre el proceso venezolano.
Una revolución, sostuvo, solo puede ser considerada verdadera si promueve la paz, la igualdad entre hombres y mujeres, el respeto a la naturaleza, la dignidad de los pueblos originarios y una transformación de la vida orientada al amor.
Recordó que Hugo Chávez (1954-2013), líder de la Revolución bolivariana iniciada en 1999, le manifestó en más de una ocasión la importancia de ese sentimiento para tales propósitos.
Desde esa perspectiva, Barros, considerado una importante voz de la Teología de la Liberación en el gigante sudamericano, también reconoció las contradicciones actuales en la sociedad venezolana.
Sin embargo, comentó que no pueden ser analizadas al margen de una ofensiva prolongada que combina sanciones, asfixia económica y una narrativa mediática orientada a la deslegitimación.
Para el religioso, de 81 años de edad, calificar a Venezuela como un país indigno o reducir su migración a una supuesta incapacidad del Gobierno constituye una forma de persecución simbólica que oculta responsabilidades externas.
También rememoró su participación en calidad de observador internacional en comicios venezolanos, junto a otros brasileños y bajo la mirada de entidades como la Fundación Carter, que certificaron la transparencia del sistema electoral evaluado.
Incluso, calificó a ese mecanismo de más seguro que los existentes en varios países de América Latina y el Caribe, donde, amplió, se roba votos.
Por otra parte, Barros evocó el legado de Simón Bolívar (1783-1830) y subrayó que Chávez retomó el proyecto emancipador inconcluso del Libertador y buscó llevarlo más allá de la independencia formal hacia la superación de la desigualdad social, la exclusión indígena y el racismo estructural.
Recalcó que juzgar procesos complejos como el venezolano exige honestidad intelectual, memoria histórica y una mirada crítica sobre el papel del “imperio”, en clara alusión a Estados Unidos.
Como colofón del referido evento, muchos de los participantes, incluida la ministra brasileña de las Mujeres, Márcia Lopes, expresaron solidaridad con Venezuela y desearon la libertad del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.

Maduro y Flores permanecen prisioneros en Estados Unidos desde el pasado 3 de enero tras una agresión ordenada por el mandatario Donald Trump contra Caracas, la cual recibe rechazo en diversas partes del mundo.
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