La decisión abrió una guerra arancelaria entre dos socios comerciales históricos, con efectos inmediatos sobre precios, comercio fronterizo y cadenas productivas binacionales.
El Gobierno ecuatoriano justificó la medida, que entrará en vigor el 1 de febrero, como un instrumento para enfrentar amenazas a la seguridad y proteger la producción nacional, aunque no detalló criterios técnicos ni temporales para su aplicación.
Colombia respondió con aranceles equivalentes a bienes ecuatorianos y advirtió que la acción de Quito viola compromisos de integración regional y afecta el comercio andino.
Dirigentes del sector empresarial señalaron que para Ecuador la medida tendrá un impacto negativo, ya que encarecerá productos de consumo masivo, golpeará a pequeñas y medianas empresas, presionará la inflación y pondrá en riesgo el sistema energético.
La presidenta ejecutiva de la Cámara de Industrias y Producción de Ecuador, María Paz Jervis, estimó hoy que cerca de 200 mil empleos estarían en riesgo, así como insumos médicos, ya que el 14 por ciento de los fármacos importados a Ecuador provienen de Colombia.
En su opinión, el mayor impacto se verá en la energía, ya que Colombia, en respuesta, decidió suspender desde este jueves 22 de enero la venta de electricidad, clave para cubrir el déficit de generación en Ecuador.
Aunque el Ministerio de Ambiente y Energía aseguró que puede asumir sin necesidad de apagones, expertos afirman que Ecuador no es autosuficiente y necesitará adquirir electricidad para abastecer la demanda de forma permanente.
En medio de ese panorama, que no luce favorable para la nación de la mitad del mundo, muchos cuestionan el argumento dado por Noboa para justificar la medida.
El abogado y miembro del Comité Permanente de Defensa de los Derechos Humanos de Guayaquil Fernando Bastias criticó al gobernante por culpar a otros en varias ocasiones de que no exista una reducción de los índices de violencia.
“Sin duda estamos abandonados a manos de un «presidente» que a través de berrinches, culpa a todo el mundo de los resultados de su pésima y cuestionable gestión”, afirmó Bastias en su cuenta de X.
La asambleísta Paola Cabezas, de la Revolución Ciudadana (RC), mencionó una “retaliación política” vinculada con el pedido del mandatario colombiano, Gustavo Petro, de liberar al exvicepresidente de Ecuador Jorge Glas, preso en un cárcel de máxima seguridad.
“A Daniel Noboa el país le importa poco, y la frontera aún menos”, afirmó la legisladora, al señalar que Colombia ha mostrado mayor interés en la pacificación de la frontera común.
El exvicecanciller Kintto Lucas, por su parte, vinculó la decisión del Gobierno ecuatoriano con factores externos.
“Noboa no hace nada sin la venia de Estados Unidos. Está medida idiota, es parte de la campaña internacional que se está montando contra Colombia desde el gobierno de Trump”, comentó.
Desde Bogotá, el Ministerio de Defensa y otras entidades expusieron ejemplos de cooperación en materia de seguridad en las zonas fronterizas y propusieron un diálogo bilateral para alcanzar una solución diplomática.
Este viernes, la canciller ecuatoriana, Gabriela Sommerfeld, planteó que podría haber una reunión con Colombia la próxima semana para superar la tensión entre ambas naciones, inmersas en una guerra arancelaria.
En declaraciones a medios locales desde Bélgica, donde acompaña al presidente Noboa, Sommeferld señaló que no podrán concretar el encuentro propuesto por el gobierno de Petro el 25 de enero, porque ese día ya tiene una agenda pactada “con una misión de seguridad de un país cooperante importante”.
No obstante, la ministra de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, sugirió una cita bilateral con representantes colombianos durante la última semana de enero, sin precisar el día exacto.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, afirmó que Noboa no le «quiere nada» y recordó que su país vendió energía a los ecuatorianos cuando lo necesitaban.
»Le vendimos energía cuando necesitaban. Ahora como no necesitan, pues están viendo [para] saber quien se hace más amigo del que más grita, pero mí no me gusta gritar, a veces», añadió.
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