“Es urgente que el Ejecutivo tome acciones concretas”, afirmó el presidente de esa entidad, Francisco Ralda, para quien la competitividad, el empleo y el costo de vida están directamente ligados a la calidad de las carreteras.
Invertir en modernización de la infraestructura vial es una decisión económica estratégica, cada vía rehabilitada reduce costos, mejora la capacidad de las exportaciones, protege el poder adquisitivo y fortalece el desarrollo del país, añadió.
La situación complica la movilidad, encarece los envíos al exterior, retrasa entregas y termina impactando directamente el precio de los productos, expresó la Agexpor.
Para las empresas exportadoras, una carretera en mal estado significa más tiempo en ruta, mayor consumo de combustible, desgaste acelerado de los vehículos y mayores riesgos, señaló.
Un trayecto que debería tomar cuatro horas, como el traslado de carga desde la Ciudad de Guatemala hacia Puerto Quetzal (sobre el litoral Pacífico) puede duplicarse por tramos deteriorados, derrumbes, congestionamiento y desvíos improvisados, describió.
En el comercio internacional, acotó, el tiempo es un factor crítico, “cuando una carga llega tarde, se pierden contratos, se aplican penalidades o se debilita la confianza de los compradores internacionales”.
Esto afecta especialmente a sectores como alimentos, textiles, manufactura y agroindustria, donde la logística define la competitividad, aseveró en el texto.
En la práctica, evaluó, las carreteras en mal estado funcionan como un impuesto invisible que pagan las empresas y los guatemaltecos todos los días.
La infraestructura vial deteriorada –amplió la entidad- también frena la inversión y la generación de empleo.
Las carreteras chapinas enfrentan una crisis de años, que se agudiza en la temporada de lluvias, marcada por diferentes factores, lo que las ubica entre las peores de Centroamérica.
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