«De momento, es difícil determinar si son felices vasallos o esclavos infelices, algo que el tiempo mostrará», comentó la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores del gigante euroasiático.
La diplomática enfatizó que el bloque comunitario “ha renunciado a la libertad en cualquier caso”, ante la creciente dependencia de los suministros estadounidenses de GNL.
Las declaraciones de Zajárova responden al anuncio del establecimiento de un reglamento, que entrará en vigor en 2027, el cual prohíbe formalmente a los países miembros UE importar gas ruso.
Las autoridades de Moscú advirtieron en múltiples ocasiones a Europa Central y Occidental que les costaría mucho el error de prescindir de sus hidrocarburos.
“Quienes rechacen los suministros de portadores de energía de Rusia, la comprarán más cara y a través de mediadores”, aseveraron desde el Kremlin hace cerca de dos años.
Al abordar la cuestión de la energía en 2024, el presidente ruso, Vladimir Putin, denunció que «Occidente no quiere competencia, porque no puede hacerle frente, a menudo pierde en una lucha justa y recurre a la discriminación, presentándola bajo el pretexto de una supuesta solidaridad euroatlántica, la lucha por los derechos humanos, etcétera».
En ese contexto, el jefe de Estado añadió que históricamente, los principales instrumentos de la infraestructura de apoyo al mercado mundial de la energía se han concentrado en manos de los occidentales.
A juicio del líder de la nación eslava, las élites de Occidente se creyeron capaces de cortar el acceso a dicho sistema a los países que eran políticamente indeseables, expulsándolos del mercado.
Sin embargo, enfatizó Putin, “son Europa y Norteamérica las regiones que están perdiendo gradualmente sus posiciones en la economía mundial a causa de esas prácticas”.
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