Bajo el sol abrasador del verano oceánico, Sinner continuó implacable. Como un depredador que no hace ruido, el número dos del mundo fue tejiendo el partido con paciencia y una autoridad que rozó lo inevitable, hasta que rindió a su rival con tanteadores de 6-1, 6-3 y 7-6 (7/2).
Pero el duelo escondió matices más hondos. Darderi, 25 del ranking mundial, intentó rebelarse en el tercer set, cuando encontró grietas en la muralla del vigente campeón, pero el Zorro, fiel a su apodo, olfateó el peligro y lo desactivó sin titubeos.
Sinner firmó una actuación de altos vuelos: 19 aces, 73 por ciento de efectividad con el primer servicio y cuatro puntos de quiebre convertidos de ocho oportunidades, estadísticas que dibujaron un dominio sostenido desde la línea de fondo hasta la red.
Con apenas 24 años, el campeón de las ediciones de 2024 y 2025 volvió a imponer su ley en Melbourne, sumando otro capítulo a una carrera que ya cuenta con 24 títulos y una madurez impropia de su edad.
“Fue muy, muy difícil. Somos muy buenos amigos fuera de la cancha”, confesó Sinner tras el partido, reconociendo que el peso emocional del duelo también formó parte de la batalla.
Su próximo rival saldrá del choque entre el estadounidense Ben Shelton y el noruego Casper Ruud, en una jornada donde también avanzaron a cuartos el serbio Novak Djokovic, por no presentación del checo Jakub Menšík, y el italiano Lorenzo Musetti, tras barrer al estadounidense Taylor Fritz.
Sinner sigue persiguiendo una hazaña mayor: convertirse, junto a Djokovic, en uno de los pocos elegidos capaces de conquistar tres títulos consecutivos del Abierto de Australia. En Melbourne, el Zorro aún no ha mostrado los dientes del todo.
mem/blc





