El aire de Melbourne parecía cargado de electricidad cuando el italiano compareció ante la prensa, con el brillo aún fresco de su victoria sobre el estadounidense Taylor Fritz y la serenidad de quien sabe que ha llegado a un territorio sagrado por primera vez en su vida.
Musetti, quinto del ranking mundial, habló con respeto, pero también con una convicción que sonó distinta, más madura, más peligrosa. Djokovic, cuarto del escalafón y dueño de 24 coronas mayores, será su rival, el mismo coloso al que ha enfrentado diez veces y al que solo logró derrotar una, en Montecarlo 2023.
“Siempre es un gran reto jugar contra él. Cada vez que nos hemos enfrentado me he llevado muchas conclusiones y aprendí de cada partido”, dijo el joven de Carrara.
La estadística es cruel como un oráculo: el serbio ganó nueve de los diez duelos, incluido el último, en Miami 2025, con un doble 6-2 que pareció una sentencia. Sin embargo, esta vez el escenario es distinto. Por primera vez se medirán en el cemento ardiente del Abierto de Australia, donde Djokovic se mueve como un emperador en su imperio.
“Sé que va a ser muy difícil ganarle, viene sin haber perdido un set, llegará descansado por no jugar en octavos y sé todo lo que implica enfrentarse a él”, reconoció Musetti, sin esquivar la magnitud del desafío.
Pero el italiano no se quedó en la resignación. Miró más adentro, hacia la frontera invisible entre el talento y la fe. “Siempre me faltó ese último paso, y creo que estaba relacionado con no tener una convicción real de que podía ganar. Ahora creo que las cosas pueden ser diferentes. No quiero jugar ese partido, quiero ganarlo”.
Así, Melbourne se prepara para una batalla que huele a rito de iniciación. En la parte alta del cuadro, Carlos Alcaraz avanza como un relámpago; en esta orilla, el vencedor de este duelo podría cruzarse con Jannik Sinner en semifinales, si el de San Candido cumple su parte.
Será, entonces, más que un partido: será Musetti mirándose en el espejo del gigante, intentando descubrir si su reflejo ya no es el de un aprendiz, sino el de un verdadero aspirante al trono.
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