Ungido ganador de las elecciones generales del pasado 30 de noviembre -envueltas en múltiples irregularidades y denuncias de fraude-, el empresario de origen palestino, de 67 años, tomó posesión en una sencilla ceremonia en la sede del Parlamento, sin presencia de dignatarios extranjeros.
Triunfador por estrecho margen (una diferencia menor al uno por ciento) sobre el también conservador Salvador Nasralla, del Partido Liberal, Asfura, quien fue apoyado explícitamente por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dirigirá los destinos de Honduras hasta enero de 2030.
Su victoria en los cuestionados comicios, impugnados por el saliente Partido Libertad y Refundación (Libre, izquierda), constituye el regreso al poder del bipartidismo representado por nacionalistas y liberales, las dos fuerzas centenarias de este país.
En su discurso de investidura, el nuevo mandatario prometió luchar “de frente” contra la inseguridad, uno de los principales problemas de Honduras y que durante la administración de Castro logró algunos avances, cuando la tasa de homicidios pasó de 42 por cada 100 mil habitantes en 2022 a 23 al cierre de 2025.
Asfura ratificó este martes su decisión de reducir “el Estado para tener una mayor eficiencia”.
En declaraciones realizadas el pasado domingo, adelantó que recortará entre 10 mil y 15 mil millones de lempiras del gasto público (hasta 566 millones de dólares).
Anunció un giro hacia “la austeridad” al prometer una reducción significativa del tamaño del Estado, junto con un paquete de medidas para fortalecer la salud pública, la seguridad y la educación, las áreas con mayores resultados en el ejecutivo anterior, reconocidos por organismos internacionales.
Fiel al modelo neoliberal del PN durante su largo ciclo gubernamental -desde el golpe de Estado de 2009 hasta 2022, cuando Libre asumió el poder-, el flamante gobierno de derecha buscará la aprobación de la polémica ley de empleo por ahora o a tiempo parcial, derogada por Castro.
Las principales centrales obreras hondureñas advirtieron que un eventual regreso a esa normativa, además de precarizar el empleo, impide a los trabajadores acceder a créditos, como los de vivienda, debido a la falta de estabilidad laboral.
“No estamos en contra del empleo, sino de la precarización del trabajo”, enfatizó el líder de la Central General de Trabajadores, Daniel Durón.
Además de romper con el centenario bipartidismo, el histórico ascenso de Castro, quien con su victoria se convirtió en la primera mujer presidenta en la historia de Honduras, puso fin a casi 13 años de gobiernos nacionalistas, tras el golpe de Estado de 2009 contra el mandatario Manuel Zelaya (2006-2009).
Los tres periodos consecutivos del PN (2010-2022) estuvieron salpicados por denuncias de corrupción y fuertes nexos con el crimen organizado, en particular los últimos ocho años administrados por el entonces gobernante Juan Orlando Hernández, quien instauró un “narcoestado”.
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