Suele pedírseme una elección sencilla entre países. No la haré. Tenemos una relación muy estrecha con Estados Unidos y, por supuesto, queremos mantenerla, pero también sería insensato ignorar a China, la segunda economía mundial, declaró el jefe de Gobierno.
El primer ministro británico, que viaja acompañado por una delegación de unos 60 ejecutivos de grandes empresas como AstraZeneca, HSBC y Rolls-Royce, busca revitalizar la relación bilateral en su primera visita a China de un premier británico desde 2018.
La agenda refleja la importancia que Londres otorga a los intercambios comerciales y de inversión con el gigante asiático, aunque evitando un distanciamiento de su principal aliado en materia de seguridad.
Algunos observadores advierten, sin embargo, que este acercamiento podría generar tensiones con la administración estadounidense, tradicionalmente cautelosa ante la autonomía diplomática europea hacia China.
La visita también incluirá una escala en Japón, subrayando la visión del gobierno laborista de comprometerse con la región indo-pacífica de manera multidimensional y pragmática.
Analistas políticos señalan que esta postura de “realismo progresista” marca un cambio de tono respecto al gobierno conservador anterior, que había calificado a China como un “desafío definitorio para la época” y consideran que Starmer intenta equilibrar los lazos transatlánticos con los imperativos económicos, en un contexto de creciente competencia estratégica entre Washington y Pekín.
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