La catedrática de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México se refirió al tema en una conferencia en el auditorio de la Embajada de Cuba y resaltó al respecto el legado de José Martí en la obra “Nuestra América”.
Ante destacadas figuras intelectuales, sociales y políticas, la expositora dijo que “‘Nuestra América’ debe mirarse como un espejo que no solo refleja, sino que convoca memoria, porque nos devuelve cómo los pueblos latinoamericanos y caribeños se pensaron mutuamente en el siglo XIX”
Además, prosiguió, “nos obliga a preguntarnos qué hacemos hoy con ese legado cuando la fragmentación, política, económica, cultural y simbólica, amenaza con convertir nuestras historias nacionales en islas”.
Se refirió en ese marco a las referencias a Perú y su cultura, con perspectiva de unidad, de los próceres cubanos José María Heredia y Heredia y Francisco Vicente Aguilera, como muestra de que “la unidad latinoamericana y caribeña no es una consigna tardía ni un adorno retórico: es una necesidad histórica, una herencia intelectual, y también una práctica concreta”.
Agregó que “la unidad de América Latina y el Caribe descansa, antes que nada, en una condición previa sin la cual todo proyecto integrador se vuelve frágil, superficial o meramente protocolario: el conocimiento mutuo”.
“Ninguna cooperación política o económica se sostiene en el tiempo si nuestros pueblos no se reconocen en su historia, si no comprenden sus afinidades y diferencias, si no construyen una gramática común de diálogo, y si no aprenden a mirarse sin exotismos ni indiferencias”, aseveró.
La catedrática cubana afincada en México cito referencias históricas que cimentan la hermandad peruano-cubana, como el apoyo de Perú a la independencia de la Isla y la participación del héroe de ambos países Leoncio Prado y otros peruanos en la lucha emancipadora cubana y la del patriota cubano José Luis Pacheco de Céspedes, quien combatió junto a Prado en la Guerra del Pacífico.
Anotó también que “La unidad que necesitamos hoy no se decreta, se construye con intercambios académicos, con proyectos comunes de investigación y docencia, con redes culturales, con circulación de libros y archivos, con encuentros de estudiantes, con cooperación científica, con traducciones, con repositorios compartidos, con memorias que dialogan”.
“Se construye, en suma, con una ética del reconocimiento. Y esa ética se aprende en la historia, cuando dejamos de mirar al otro como un extranjero y empezamos a mirarlo como parte de una misma trama continental”, sentenció.
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