En el marco del 173 aniversario de su natalicio, los cubanos reviven una vez más la profunda conexión del Maestro con esta región, cuna de valores esenciales de la nación.
Uno de los lazos más visibles fue su matrimonio con la camagüeyana Carmen Zayas Bazán, fortalecido con el nacimiento de su hijo José Francisco, ocurrido en el corazón del Centro Histórico local en 1878.
El historiador y periodista Eduardo Labrada subraya en diálogo con Prensa Latina que, aunque Martí nunca pisó físicamente esta ciudad, su presencia espiritual se siente en cada rincón, encarnada en sus afectos y su obra.
“No solo por su hijo ,precisa Labrada, sino también por la admiración que profesó hacia próceres camagüeyanos como Ignacio Agramonte, a quien llamó ‘diamante con alma de beso’, Martí hizo suya esta tierra”.
Así, José Francisco devino símbolo de devoción y perpetua atracción para Camagüey. Prueba de ello es el poemario Ismaelillo, escrito por el Apóstol en 1882, donde exclama: “Hijo espantado de todo, me refugio en ti”.
Más allá del vínculo familiar, el sentimiento martiano hacia esta ciudad se intensifica en 1895, cuando se alista para la etapa definitiva de la lucha independentista, mirando a Camagüey como bastión moral y estratégico.
El investigador recalca que Martí encarna la trascendencia de esta región, “por lo que resulta ineludible evocar su figura en una fecha tan emblemática”.
En una de las zonas medulares para la conformación de la cubanía, José Martí se yergue en 2026 como la presencia más venerada de la cultura nacional, faro inagotable en la construcción continua de la sociedad. mem/fam













