Con la serie a su favor tres victorias por dos, los Leopardos pisan Las Tunas con la ambición del que ya ha torcido los designios del campeonato. No vienen a resistir: vienen a cerrar. Un triunfo más bastaría para consumar la sorpresa mayor de la 64 Serie Nacional de Béisbol y dejar en el camino a los bicampeones defensores.
El Bosque Encantado, feudo donde los Leñadores suelen imponer respeto, ha sentido ya el zarpazo villaclareño. Allí cayeron dos veces los anfitriones en el arranque del duelo, señal inequívoca de que la épica también admite herejías cuando el rival juega sin complejos y con motivación.
Desde el montículo, Randy Cueto asumirá la misión de sostener el sueño felino. El derecho, sin decisión en esta postemporada, trabajó cinco entradas ante Las Tunas y toleró tres carreras, desempeño suficiente para volver a creer en su temple. En la trinchera opuesta, Eliander Bravo buscará alargar la historia: lanzó seis episodios con apenas una anotación permitida y tres imparables en su anterior cruce frente a Villa Clara.
Los Leñadores saben que no hay margen para el error. Una victoria igualaría el pulso y empujaría la definición hasta un séptimo juego, donde la presión se convierte en juez implacable. Pero enfrente estará un rival que aprendió a ganar sin mirar atrás, tras encadenar nueve éxitos consecutivos para colarse en estos cuartos de final.
La jornada se completa con el eco fresco de las clasificaciones de Industriales de La Habana y Cazadores de Artemisa, vencedores ayer en sus respectivos compromisos ante Mayabeque y Holguín. Junto a los Cocodrilos de Matanzas, esperan por el último invitado a semifinales.
Hoy, Villa Clara no juega a la espera, juega a la conquista. Y en Las Tunas, cada lanzamiento puede ser la llave que abra —o cierre— el camino a la gloria.
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