En este ecosistema, la microempresa se erige como el verdadero protagonista silencioso, mientras enfrenta retos estructurales, consolida su peso en el Producto Interno Bruto (PIB), remarcó un reporte del diario Soy 502.
Calificó de contundente el impacto de esas unidades productivas, al aportar aproximadamente el 40 por ciento del PIB nacional, de acuerdo con datos del Ministerio de Economía (Mineco), citados por el medio.
No obstante, la cartera reconoció que más del 80 por ciento de este sector está compuesto por microempresas que operan bajo condiciones de vulnerabilidad, principalmente por el limitado acceso a financiamiento formal.
Solo un 13 por ciento de las Mipymes, según el Mineco, lograron obtener crédito a través del sistema financiero tradicional, obligando a la mayoría de emprendedores a depender de ahorros personales o préstamos de familiares.
El especialista del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad de San Carlos, Carlos Morales, consideró que estas son la base de la transformación financiera del país.
Sin emabrgo, para el estudioso, la microempresa guatemalteca —definida por tener entre uno y 10 empleados— opera frecuentemente en un escenario de incertidumbre y barreras que limitan su tecnificación.
Un punto crítico señalado tanto por el Mineco como por la academia es la brecha de género, aunque el 43,3 por ciento de la Mypimes tiene una mujer como propietaria, ella encuentran barreras adicionales para acceder a recursos.
El organismo del Estado advirtió que para que este motor económico no se detenga, es necesario abrir mercados internacionales, en tanto Morales consideró que la supervivencia depende de políticas enfocadas en la tecnología.
Datos expusieron que Guatemala contaba en 2025 con aproximadamente 1,5 millones de Mipymes y un año antes poco más de cuatro millones 500 mil chapines se relacionaron con ellas, el 45,6 por ciento de la población de 18 a 64 años.
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