La ciudad de Valencia amanece hoy con olor a pólvora y madera: la Nave huele a corona y la Tribu resiste. Esta noche, el diamante dictará si hay campeón o si la final respira, luego del partido de ayer cuando los Navegantes dejaron la gran final en jaque al adelantarse tres juegos por uno con la posibilidad de sentenciar en casa.
La víspera fue un vendaval turco. Los dirigidos por Yadier Molina castigaron 14-5 a sus iguales con una ofensiva sin clemencia que marcó territorio desde el primer episodio, cuando un paquete de seis carreras encendió a un estadio repleto y presagió tormenta.
Leandro Cedeño volvió a erigirse en líder de la postemporada: de 3-2, jonrón, cinco impulsadas, dos anotadas y dos boletos, coronando la noche con un cuadrangular que hizo temblar el jardín izquierdo. Ángel Reyes acompañó la épica con un 5-4, vuelacercas, dos remolques y dos anotadas.
El relato ofensivo tuvo capítulos tempranos y tardíos: imparables productores de Rougned Odor, Luis Sardiñas y Tucupita Marcano abrieron la fiesta; luego, el partido encontró respuestas de ambos bandos hasta que la Nave apretó el acelerador para dejar cifras definitivas.
Desde la lomita, Adrián Almeida se apuntó la victoria tras 2.2 entradas de oficio, limitando daños y sosteniendo el pulso del partido.
Hoy, Valencia vuelve a ser puerto de destino. Magallanes busca la estocada final; Caribes, la prórroga de la esperanza y el béisbol venezolano aguarda, en silencio expectante, el veredicto de la noche.
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