Las dudas tienen cierta lógica cuando las autoridades anuncian que abrirán más su mercado a importaciones agrícolas y quesos estadounidenses.
Por ejemplo, una mirada al maíz, un producto esencial para la alimentación en el Pulgarcito de las Américas.
Producir una manzana de maíz en El Salvador cuesta entre mil y mil 200 dólares en una inversión que incluye insumos (semilla, fertilizantes, pesticidas) valorados en unos 625 – 670 dólares, además de mano de obra y otros costos. La producción promedio por manzana es de al menos 42 quintales.
Un quintal del cereal aquí tiene un costo de entre 15 y 20 dólares, mientras que el importado estadounidense llega al país con un costo que ronda los 11 dólares, lo que acentúa la dependencia del mercado norteño y conspira contra la producción nacional, según gremiales salvadoreñas.
Lo pactado con las autoridades norteñas establece que el país otorgará acceso no discriminatorio a los productos agrícolas de Estados Unidos.
Ahora hay que esperar a ver como influye el acuerdo que aunque elimina el arancel del 10 por ciento a las ventas al mercado del norte incluye compromisos de la parte salvadoreña en materia inversiones, recursos energéticos, seguridad nacional e incentivos para el ingreso de más producción estadounidense.
Esto no es nuevo, pues este pequeño país ofrecía ingreso preferencial a los productos agrícolas estadounidense a través del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (CAFTA).
Aquí ya ingresaban libres de arancel el pollo, arroz, maíz o lácteos, entre otros, que más bien, como la mayoría de los TLC de la época, entronizaban un comercio desigual que desangra las economías de los países de la región, y en el peor de los casos los convertía en productores de materia prima y de inmigrantes.
En la actualidad, según datos oficiales, el mercado norteamericano representó el 26.4 por ciento de las importaciones de 2025 de plantas vivas, hortalizas, frutas y frutos comestibles, café o té, cereales, productos de molienda, semillas, gomas, carnes y despojos comestibles, pescado y crustáceos, así como leche y huevos.
Citado por el diario El Mundo, el acuerdo establece medidas que pudieran afectar al país a la larga.
Por el ejemplo, “El Salvador no adoptará ni mantendrá medidas no científicas, discriminatorias o preferenciales incompatibles con las normas de los Estados Unidos o internacionales, ni que de otro modo perjudiquen las exportaciones de los Estados Unidos a El Salvador, incluso como resultado de la celebración de acuerdos o entendimientos”, señala el capítulo de agricultura en el acuerdo.
En general el gobierno habla de logros cuando alcanzó “el primer Acuerdo Comercial Recíproco en todo el hemisferio occidental», el cual elimina de tajo aranceles a productos salvadoreños y amplía la cooperación económica con su socio del norte.
Sin embargo, economistas y expertos miran escépticos los resultados que pudieran venir.
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