Cumplidas siete pruebas, nipones y norteños llegaron al evento final, el programa libre individual masculino, empatados con 59 puntos, por lo que el título dependía de lo que hicieran el doble campeón mundial estadounidense y el menos laureado japonés Shun Sato.
Malinin patinó primero y lo hizo como solo él sabe hacerlo hasta estampar un resultado de 200,03 unidades, impensable para la inmensa mayoría, pero con algunas ligeras imprecisiones que demostraron que al fin y al cabo es humano.
Sato salió al hielo después sin que su historia lo avalara y con el público asumiendo que lo visto minutos antes era suficiente, sin embargo, poco a poco su desempeño adquirió indicios de perfección, y la pizarra reflejó la mejor actuación de su carrera, un 194,86 enorme, aunque insuficiente para desplazar a un deportista que con apenas 21 años ya es leyenda.
Si bien Malinin no igualó sus números estratosféricos, e incluso flaqueó en algún momento, ofreció una vez más una clase magistral, en la que incluyó cinco saltos cuádruples, por ninguno Sato, en un programa de una complejidad galáctica, el cual explica la diferencia final.
La tensión dominó en la Milano Ice Skating Arena, donde el público saboreó, además de las citadas ejecuciones, el bronce del equipo italiano, apuntalado por un espectacular Matteo Rizzo (179,62).
Estados Unidos llegó con cinco puntos de ventaja a la tercera y última jornada del primer evento del patinaje artístico de los XXV Juegos Olímpicos, borrada por las brillantes ejecuciones de la dupla Riku-Miura-Ryuichi Kihara y de Kaori Sakamoto en el programa libre de parejas e individual femenino, respectivamente.
Los nipones vencieron en cinco de las ocho pruebas, pero sus representantes en la danza sobre hielo quedaron muy por debajo en sus dos salidas al hielo, mientras que los patinadores de las barras y las estrellas ganaron tres eventos y fueron más estables en general.
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