Leonel García, el árbitro cubano que hace historia en Caracas

Caracas, 12 feb (Prensa Latina) El árbitro cubano Leonel García no busca aplausos: su oficio hoy es dictar justicia en silencio, donde cada gesto puede cambiar la historia de un juego en la Serie de las Américas Gran Caracas 2026.  

   Por Boris Luis Cabrera, enviado especial

   No viste uniforme de héroe ni empuña un bate que rompa el aire, pero su presencia pesa como la de un juez antiguo que llega al Estadio Monumental Simón Bolívar de Caracas con los pergaminos del reglamento bajo el brazo.

    Leonel camina el terreno con la sobriedad de quien sabe que el béisbol también se juega desde el margen invisible de la línea de cal. Hoy custodia la del jardín izquierdo en la semifinal entre las Águilas Metropolitanas de Panamá, campeones vigentes, y los Caimanes de Barranquilla, pero su historia en esta Serie de las Américas va mucho más allá de un simple nombramiento.

   Hace apenas unos días, detrás del home plate en el duelo entre Colombia y Venezuela, asumió una responsabilidad histórica: se convirtió en el primer árbitro cubano principal en una Serie de las Américas. No fue un premio decorativo, sino una designación ganada a pulso, con la constancia de quien ha aprendido a sostener la zona de strike como se sostiene un juramento.

   “Primero sentí alegría y muchas cosas buenas”, confesó a Prensa Latina cuando supo que trabajaría en este torneo. Y luego, ya en Caracas, frente al nivel real de los equipos y de sus colegas, entendió que el sueño no era un punto de llegada, sino apenas otra base por pisar. “Es un evento de renombre… y a todos nos gusta arbitrar uno de esta marcada calidad”, dijo.

   García viene de ser considerado el mejor árbitro de Cuba en los últimos años. La temporada pasada fue distinguido como el más destacado del campeonato nacional, confirmando lo que entrenadores y peloteros murmuraban desde hacía tiempo: zona coherente, autoridad sin estridencias, manejo equilibrado del juego.

   En 2023, además, fue elegido el árbitro más sobresaliente del Premundial U12 en Aguascalientes, México, un premio que marcó su proyección internacional.

   Pero el prestigio no lo ha vuelto complaciente. Al contrario, habla de su trabajo, reconoce grietas en el muro y decide reforzarlo: “Lo más difícil de arbitrar a equipos y países diferentes es nuestro enfoque de la zona de strike… todavía tenemos lagunas, pero se ha mejorado y se seguirá mejorando, sobre todo en la zona vertical”.

   No hay arrogancia en sus palabras, sino conciencia de oficio: el aprendizaje no se detiene, la perfección es una utopía que se persigue sabiendo que nunca se alcanza del todo.

   En el Monumental, donde miles de miradas pueden caer como una tormenta sobre una sola decisión, la presión es un animal que respira en la nuca. Leonel lo sabe. “Este estadio es imponente… trabajar aquí es bien difícil, sobre todo en juegos de Venezuela, con la sede en juego”, reconoce. En esos momentos, el árbitro no solo enfrenta a los peloteros: enfrenta al ruido, a la historia, al deseo colectivo de que la realidad se acomode al corazón del público.

   Y, sin embargo, ahí permanece, quieto, atento, porque sabe que su misión es sostener el equilibrio entre dos fuerzas opuestas: la pasión desbordada del espectáculo y la frialdad matemática del reglamento.

    Para él, ese equilibrio no se impone, se construye. “Mantener autoridad y respeto es diferente y difícil a este nivel… muchos de los peloteros han jugado MLB, son profesionales. El respeto se gana trabajando bien y con credibilidad”, puntualiza. Que te crean. Quizá esa sea la esencia del arbitraje: que el mundo confíe en tu mirada.

   En una época de repeticiones, cámaras lentas y debates infinitos, sus decisiones ratificadas por el replay no solo fortalecieron su imagen en Caracas, también prestigiaron al arbitraje cubano en un escenario donde cada fallo se examina con lupa.

   Pero detrás del profesional hay un hombre que piensa en los que vienen. Cuando se le pregunta qué les diría a los jóvenes cubanos que sueñan con ser árbitros internacionales, responde sin adornos y lanza una verdad directa al pecho: “Es muy difícil, pero hay que trabajar diario y enfocado… más nada, trabajar y lograr cada día ser mejor, no ser mejor que nadie”.

   No ser mejor que nadie, solo ser mejor que ayer. Esa filosofía lo acompaña también en lo personal. “Esta Serie de las Américas me ha dejado mucho, me ha permitido probarme a mí mismo. Ahora a seguir preparándome para futuros eventos, si Dios quiere”, reconoce.

   Leonel agradece a la Federación Cubana, a sus dirigentes, a quienes le han enseñado dentro y fuera del terreno, porque incluso el juez necesita maestros. Representar a Cuba  es para él un acto íntimo de orgullo. No lo dice como consigna, sino como quien lleva una bandera doblada dentro del bolsillo.

   Hoy, desde la pradera izquierda, mientras Panamá y Colombia disputaban un lugar en la final, Leonel García seguía siendo una figura lateral, casi invisible. No saldrá en las portadas, no conectará cuadrangulares, no levantará trofeos, pero cada out limpio, cada jugada justa, cada decisión sostenida bajo presión llevará su firma secreta.

   Y cuando el juego termina, cuando el estadio vuelve a ser eco y cemento, quedará una certeza flotando en el aire caraqueño: también hay hombres que hacen historia sin tocar la pelota, hombres que convierten la imparcialidad en una forma de patriotismo y el silencio en una manera de cantar victoria.

mem/blc

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