Fotos: Abel Rojas
En momentos de crisis, el arte es refugio y sostén. Subir a escena hoy es también un acto de fe en la sensibilidad, en la inteligencia colectiva y en la posibilidad de pensarnos desde el movimiento, expresa Iglesias en un texto incluido en el programa del espectáculo.
La compañía repuso además la obra Consagración, que utiliza la partitura original de La consagración de la primavera de Igor Stravinski, en la versión grabada por la Filarmónica de Nueva York bajo la dirección de Leonard Bernstein (1958).

Nuevamente, DCC reafirma su diálogo con las tendencias más actuales de la danza contemporánea internacional; la pieza no busca repetir los pasos del pasado, sino tensionarlos: velos, movimientos de torso, hombros y caderas, junto a la presencia coral y el individuo que emerge, conforman una coreografía marcada por la solemnidad, la confrontación y la visceralidad.
Sobre Waves and Edges (Sobre el impulso y los límites), Labovkina reflexiona sobre el ser humano en medio de los flujos de información externa y sus capacidades psíquicas.

Vivimos en una época inestable. ¿Trazar un límite es una pérdida de humanidad o, por el contrario, un intento de preservarla?, cuestiona la coreógrafa de Belarús.
La función cuenta con el apoyo de los maîtres Yoerlis Brunet, Luisa Santisteban, Claudia Iglesias, Yiliam Pacheco y Tomás Guilarte y continuará mañana a las 17:00 hora local en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, ubicado en el Vedado capitalino.
lam/vnl













