En un artículo titulado “La Ilegalidad del Imperio: La Bahía de Guantánamo, la Soberanía y un Sistema de Bases Globales”, el catedrático recordó que durante más de un siglo, la usurpación de la potencia extranjera es una afrenta a la autodeterminación del pueblo de la isla.
El sistema global de intrusión castrense pone en peligro la paz y la autonomía de las naciones, indica Kwanisai, según publican The Panafrikanist y Modern Ghana, en ocasión de días de acción contra la presencia militar de Washington en Guantánamo y las bases extranjeras estadounidenses y de la OTAN, convocados por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.
Ese enclave y el infame campo de detención que alberga –agrega- fue impuesto en 1903 sin fecha de vencimiento bajo evidente asimetría y coerción, en lugar de consentimiento mutuo.
Los principios jurídicos internacionales afirman que a la soberanía no puede renunciarse bajo coacción ni mantenerse a perpetuidad contra la voluntad inequívoca del pueblo en cuyo territorio se ubica la base militar, enfatizó.
De acuerdo con el catedrático de la importante universidad de Zimbabwe, esta situación no es aislada y forma parte de un amplio patrón de extralimitación militar, ejemplificado por una vasta red de bases extranjeras extendidas por todo el mundo.
Solo Estados Unidos mantiene unos 877 enclaves castrenses con efectos políticos, económicos y culturales en 90 países, empleados –advierte el autor- para intervenciones desde Oriente Medio hasta Asia Oriental, posicionando a la OTAN cerca de las fronteras con Rusia, China y corredores energéticos clave.
En opinión del Coordinador de la Cátedra Fidel Castro, los países anfitriones ceden controles jurisdiccionales y erosionan la autoridad legal nacional.
El análisis empírico sugiere que las bases extranjeras facilitan intervenciones en lugar de prevenir conflictos, con costos financieros y humanos por encima de cualquier supuesto beneficio.
Además de los impactos ambientales y sociales -continua- este patrón refuerza una forma de neocolonialismo contemporáneo mediante el cual los estados poderosos ejercen influencia desproporcionada sobre los más débiles, bajo pretexto de cooperar en materia de seguridad.
La cruzada contra la ocupación ilegal de parte de la oriental bahía resuena más allá de las fronteras de Cuba al desafiar la arquitectura de la militarización global que privilegia la hegemonía sobre la dignidad humana.
Los movimientos por la paz, juristas, académicos, defensores de derechos humanos y periodistas tienen la responsabilidad de conectar los puntos entre la injusticia de Guantánamo y la red más amplia de puestos militares que amenazan la soberanía y la paz colectivas.
La lucha por la devolución de Guantánamo a Cuba es inseparable de la batalla por desmantelar las estructuras de dominación bajo el principio fundamental de que la paz no se sustenta mediante la ocupación, sino en el respeto a la soberanía, al Derecho Internacional y la autodeterminación, concluye el artículo publicado en los medios regionales.
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