Por Fausto Triana
Volvió el racismo a empañar el fútbol, esta vez en el partido de ida de la repesca de la Champions League contra el Benfica.
Tras el golazo al minuto 50 del canarinho, su festejo no gustó a los rivales del Benfica ni a la afición portuguesa en el Estadio Da Luz de Lisboa. El propio jugador y algunos de sus compañeros merengues lo denunciaron ante el árbitro François Letexier.
Parecía que lo ocurrido se centraba en el delantero argentino del Benfica Gianluca Prestiani, pero el colegiado francés terminó por sacarle tarjeta roja al segundo del técnico José Mourinho.
De todos modos, quedó la sensación de que el instigador de llamar “mono” a Vinicius fue Prestiana, quien se tapó el rostro con su camiseta para que no leyeran sus labios.
Al final, el argentino se llevó en las postrimerías del partido una amarilla por fingir un empujón en el área, claramente estilo “piscinazo”.
Fue un partido que tuvo en los primeros 20 minutos a un conjunto lusitano, con una táctica similar al choque anterior en las eliminatorias de Champions, que resolvió con un sonado éxito 4-2.
Aprendida la lección de su maestro Mourinho, el preparador del Real Madrid volvió a probar un mediocampo de músculo (Tchouameni y Camavinga), rapidez (Valverde) y creatividad (Guller).
Más aplicados en defensa, con buen trabajo de los centrales Huijsen y Rudiger, y de los laterales Arnold y Carreras, la “casa blanca”, confirmó su superioridad en el complementario, luego de disparos con veneno de Guller y Vinicius que desvió el buen guardameta ucraniano Trubin.
La diana de Vinicius al ángulo izquierdo fue suficiente, no obstante, los intentos del galo Kylian Mbappé y del propio brasileño.
Encarrila así el Real Madrid el repechaje, con la condición de anfitrión en el Santiago Bernabéu de la capital española el próximo 25 de febrero.
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