Durante un encuentro con funcionarios del Ministerio del Interior, el mandatario indicó que este periodo no debe usarse para dar lecciones a otros, sino para mirar hacia adentro, reconocer las propias carencias y mejorar en distintos ámbitos de la vida.
Al decir del estadista, el ayuno no es solo una tradición, sino una prueba de sinceridad, disciplina y fortaleza interior, tal como lo vivieron comunidades anteriores según el Corán.
Un día después del inicio de esta celebración sagrada para el mundo musulmán, Anwar subrayó que los eruditos islámicos asocian el Ramadán con una escuela espiritual, que fomenta la compasión hacia los más necesitados y la disciplina personal.
También instó a que la experiencia del Ramadán se traduzca en mejoras visibles en la fe, el carácter, la calidad del trabajo y la conducta personal, evaluables en el mes de Syawal, periodo posterior que marca el final del ayuno de Ramadán.
A su vez, el primer ministro malasio advirtió que, pese a las creencias religiosas y solidarias propias del actual mes, problemas como la corrupción y las malas prácticas no deben repetirse.
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