La advertencia fue planteada en un coloquio virtual organizado desde Ecuador donde se abordó el rol de las instalaciones militares extranjeras de Washington en América Latina y su contradicción con la proclamación regional como Zona de Paz.
El diplomático cubano Julio César Crespo, segundo secretario de la embajada en Quito, afirmó que la base naval estadounidense en Guantánamo constituye una ocupación impuesta desde 1903 y una “ofensa permanente a la soberanía” de la isla.
Crespo recordó que el Gobierno cubano se niega desde 1959 a cobrar el arrendamiento anual por ese enclave, al considerar ilegítimo el acuerdo heredado de la Enmienda Platt, y señaló que la instalación fue utilizada históricamente para agresiones, torturas y detenciones.
Desde Puerto Rico, la activista Sonia Santiago, del colectivo Madres contra la Guerra, criticó cómo su país ha sido usado durante más de un siglo como plataforma militar estadounidense.
Apuntó que desde el territorio boricua han partido operaciones como la del pasado 3 de enero, cuando las tropas de Estados Unidos agredieron Venezuela y secuestraron a su presidente, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores.
Santiago sostuvo que “Puerto Rico es una nación invadida” y llamó a la solidaridad regional para exigir el desmantelamiento de instalaciones militares extranjeras, al tiempo que destacó la resistencia social que logró el cierre del polígono naval de Vieques en 2000.
El venezolano Gabriel Aguirre, coordinador para América Latina de World Beyond War (Mundo más allá de la Guerra), advirtió que la expansión militar estadounidense en la región responde a una estrategia de control de recursos estratégicos y de recomposición de su hegemonía continental.
Los participantes coincidieron en que la permanencia de bases militares extranjeras contradice los principios de autodeterminación y paz regional, y señalaron a Guantánamo como uno de los símbolos más persistentes de esa disputa en América Latina y el Caribe.
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