miércoles 25 de febrero de 2026

Cuba en el Clásico Mundial: límites claros y ambición intacta

La Habana, 25 feb (Prensa Latina) El próximo 5 de marzo volverá a girar la pelota en el Clásico Mundial de Béisbol y Cuba llegará sin la etiqueta de favorita en su grupo, pero con la ambición intacta.

Por Boris Luis Cabrera

   La realidad, implacable como una recta alta que no perdona titubeos, obliga a mirar de frente el desafío. No bastan los recuerdos ni las viejas gestas; Colombia, Panamá, Canadá y Puerto Rico llegan con estructuras profesionales superiores, ligas más robustas y sistemas de desarrollo que han crecido durante décadas mientras la isla lidiaba con sus propias tormentas.

   Esos rivales exhiben nóminas nutridas de peloteros que pertenecen o pertenecieron a franquicias de las Grandes Ligas, brazos que superan con holgura las velocidades medias del campeonato nacional cubano, relevistas con oficio y ofensivas acostumbradas a descifrar reportes minuciosos.

   Cuba, en cambio, apenas cuenta hoy con dos jugadores activos en la MLB: Yoan Moncada y Yariel Rodríguez. A ellos se suman dos luminarias de la liga japonesa con nivel para habitar la Gran Carpa: Liván Moinelo y Raidel Martínez. Cuatro nombres no construyen por sí solos una muralla inexpugnable, pero sí representan un puente entre realidades distintas.

   El resto del plantel resiste con dignidad, aunque sin la musculatura económica de sus adversarios. Por eso clasificar entre los dos primeros del grupo sería, sin ambages, un gran éxito.

   Germán Mesa ha mantenido desde que asumió el timón un discurso optimista, como debe ser, porque un líder no puede sembrar dudas en su tropa, pero también sabe que el entusiasmo no sustituye la profundidad del bullpen ni la potencia de una alineación. Jugará con las herramientas disponibles, con las cartas que el contexto le ha entregado.

   En torneos cortos, sin embargo, el béisbol se vuelve un animal caprichoso porque sabemos que un lanzador en trance puede inclinar la balanza de un partido y un swing oportuno puede desbaratar pronósticos escritos con tinta de estadísticas. La unidad, la motivación, la química interna —intangibles que no aparecen en las hojas de cálculo— pesan más de lo que muchos admiten.

   Ahí radica una de las esperanzas y también uno de los riesgos. Los equipos cubanos han mostrado históricamente un prearranque dubitativo, una especie de combustión lenta que a veces encuentra su punto óptimo cuando el reloj ya aprieta.

   En eventos breves, esa característica puede convertirse en arma afilada contra sí mismos. La adaptación —técnica y psicológica— debe ser inmediata, porque no habrá margen para despertar tarde.

   Otro golpe sufrido en certámenes pasados ha sido el desconocimiento del contrario. En tiempos donde se afirma que los juegos se ganan en la mesa, llegar sin información detallada equivale a entrar al cajón de bateo con los ojos entrecerrados. 

   En ese sentido, la incorporación de Noelvis González como coach de banca representa una bocanada de aire fresco. Estudioso del béisbol contemporáneo, partidario de las formaciones especiales y del análisis profundo, ya dejó señales alentadoras en la reciente Serie de las Américas, donde se vio a un Cuba moviendo sus piezas defensivas según el perfil del rival, y esto no es un detalle menor.

   Nada de esto convierte mágicamente a la isla en favorita. Sería irresponsable vestir de oro una armadura que aún se está forjando, pero tampoco se puede ignorar que el béisbol cubano posee una memoria competitiva que aflora en los momentos más ásperos. La presión, cuando se asume con dignidad, puede transformarse en combustible.

   El 5 de marzo no saldrá al terreno un gigante invencible, sino un equipo consciente de sus límites y decidido a empujarlos. Saldrá una escuadra que carga con la crítica y con la esperanza, con la comparación constante y con la fe obstinada de su gente. Saldrá a jugar cada inning como si fuera el último, porque en torneos así, cada out pesa como plomo.

   Clasificar sería un golpe de autoridad; no hacerlo, si se compite con honor, no borrará la identidad, porque este equipo no promete milagros, pero sí entrega.

   En un país donde el béisbol es latido, memoria y discusión eterna en cada esquina, eso también cuenta. Cuba no es favorita, pero mientras exista un montículo y una pelota blanca cruzando el aire, seguirá defendiendo su nombre con la misma furia con que el oleaje insiste contra la roca, aun sabiendo que esta no se mueve.

mem/blc

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