En la pista central del Aviation Club Tennis Centre, el moscovita impuso su ley con la serenidad de quien sabe administrar el tiempo y la tormenta, en un duelo que fue un pulso entre generaciones: la madurez estratégica frente al oficio indomable.
Medvédev, de 30 años, número 11 del ranking mundial y tercer favorito, tejió el partido con la elasticidad que le ha valido el apodo de “El Pulpo”. Sus largos brazos parecían abarcar cada rincón del rectángulo azul, devolviendo con precisión los intentos del helvético.
El ruso ganó el 74 por ciento de los puntos con su primer servicio y disparó siete saques directos, auténticos relámpagos que quebraron la resistencia de su rival. Además, convirtió seis de 12 oportunidades de ruptura, cifra que retrata su instinto depredador en los momentos clave.
Desde el fondo de la cancha edificó su dominio. Su revés a dos manos —capaz de alternar el látigo plano con el vértigo del topspin— fue la brújula de cada intercambio. Con 1,98 metros de estatura y una preparación ortodoxa en el saque, explotó su envergadura para gobernar los puntos con autoridad silenciosa.
Wawrinka, de 40 años y actual 99 del mundo, intentó responder con la experiencia que lo llevó a conquistar 16 títulos ATP, incluidos tres Grand Slams. El suizo apeló a su clásico revés a una mano y a su temple en los intercambios largos, pero no encontró resquicios ante la consistencia casi geométrica de su adversario.
Medvédev, dueño de 22 trofeos en el circuito y campeón este año en Brisbane, confirmó en Dubái que su temporada avanza con paso firme. No hubo concesiones ni titubeos: cada juego fue una pieza colocada con paciencia en el tablero ardiente del desierto.
En otra nota destacada de la jornada, el estadounidense Jenson Brooksby superó 2-0 al ruso Karén Jachánov, séptimo cabeza de serie, y sacudió el cuadro principal con una victoria de carácter.
Así, bajo el cielo diáfano de los Emiratos, Medvédev extendió su sombra sobre la pista central y avanzó a cuartos como quien reclama un territorio propio. El torneo, en su edición 34, ya siente la presión de su zancada larga y su tenis de líneas rectas, preciso como un compás.
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