El reporte, presentado por el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), institución vinculada al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, refleja que el escenario nacional acompaña la tendencia global de calentamiento.
Datos del Servicio de Cambio Climático Copernicus, citados en el texto, señalan que 2025 fue el tercer año más cálido jamás registrado en el planeta, con temperatura media 1,47 grados Celsius por encima del nivel preindustrial.
En el ámbito interno, el verano 2024-2025 resultó el sexto más caluroso desde 1961, según el Instituto Nacional de Meteorología, con siete olas de calor registradas y un pico de temperatura de 43,8 grados Celsius alcanzado en febrero en Quaraí, en Rio Grande do Sul.
Ciudades como Rio de Janeiro y São Paulo también marcaron valores históricos, pues la primera reportó máximas superiores a los 42 grados, mientras la segunda llegó a 37,2 grados en diciembre, el mayor registro para ese mes en 64 años.
El calor extremo impactó la salud pública, elevó el consumo de energía y tensionó la infraestructura urbana, señaló el reporte del Cemaden.
Durante el invierno también hubo contrastes severos, con un total de siete olas de frío y temperaturas negativas en la región Sur.
En General Carneiro los termómetros descendieron hasta –7,8 grados, y en São José dos Ausentes marcaron –4,5 grados, con episodios de nieve en zonas de mayor altitud.
Del mismo modo, el Sudeste y el Sur concentraron eventos de lluvia intensa, como se evidenció en Teresópolis, que acumuló 689,4 milímetros en abril, 548 por ciento por encima de la media histórica mensual.
Paralelamente, hasta 503 municipios llegaron a la condición de sequía severa o extrema en 2025 y en noviembre, ocho unidades federativas —Ceará, Distrito Federal, Goiás, Minas Gerais, Piauí, Rio de Janeiro, São Paulo y Tocantins— registraron sequía en la totalidad de su territorio.
El documento subraya que, aun sin la actuación significativa de fenómenos como El Niño o La Niña, Brasil experimentó extremos relevantes.
La combinación de variabilidad climática natural y calentamiento global amplía la frecuencia e intensidad de estos eventos, con impactos directos en la seguridad hídrica, la infraestructura urbana, la producción agrícola y la calidad de vida de la población.
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