Según Trump, “no tienen dinero, no tienen nada (en Cuba)”, pero no mencionó que es debido al brutal bloqueo impuesto al país caribeño, reforzado el pasado 29 de enero con una orden ejecutiva que pretende privarlo de los suministros de petróleo.
Se aplica a pie juntillas lo que el 6 de abril de 1960 -hace casi 66 años- dejó sentado por escrito el entonces vicesecretario de Estado Asistente para Asuntos Interamericanos Lester D. Mallory, en un memorándum secreto que definía la filosofía del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto meses después de forma unilateral.
«La mayoría de los cubanos apoyan a (Fidel) Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba», subrayó en los fundamentos de esa genocida política.
Una línea de acción -añadió- que, «siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno».
Esa ha sido la estrategia desde entonces. No solo en llevar hambre y miseria al pueblo cubano, sino también y sobre todo, en hacer ver que la causa de tales penurias se debe a la ineficacia del gobierno, que ha llevado a un «estado fallido» y no en las medidas coercitivas de Washington.
Así que en momentos en que la administración Trump intensifica su política de máxima presión a máxima agresión contra la nación antillana, el ocupante del Despacho Oval, al parecer, apuesta por un “quizás hagamos una toma amistosa de Cuba”.
Pero qué significa «toma amistosa» para un país que desde el 1 de enero de 1959 es dueño de su destino. Cuba ha planteado y reiterado en diversos escenarios que está dispuesta a dialogar con Estados Unidos en condición de iguales, sin imposiciones, respeto a la soberanía y las diferencias y sin negociar principios.
El viaje de Trump a Texas es el primero tras el discurso del Estado de la Unión, en el que tratará de promover sus políticas energéticas y económicas.
La visita tendrá un marcado tinte electoral, porque el martes 3 de marzo comienzan las primarias de cara a las elecciones de medio término previstas para noviembre.
Trump buscará capitalizar el mensaje de su reciente discurso, en el que proclamó un regreso a la prosperidad económica y a una América más segura —dos argumentos centrales para los republicanos en su campaña por mantener sus mayorías en el Congreso en lo venideros comicios.
Aunque las cifras de las encuestas revelan que casi seis de cada 10 estadounidenses dicen que el país está peor ahora en comparación con hace un año.
Además, cerca del 61 por ciento de los ciudadanos reprueba su gestión, de acuerdo con los tanteos de opinión.
arc/dfm













