La eucaristía, por cortesía del padre Frankely Rodríguez, fue presidida por el sacerdote Julín Acosta, quien viajó desde la provincia de Barahona, en el suroeste del país.
Participaron representantes de movimientos sociales, activistas solidarios y miembros de la comunidad dominicana comprometidos con la defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Presentes también funcionarios de la embajada de Cuba en este país.

Sobre los fallecidos durante la agresión, el padre Julín afirmó que se trata de víctimas cuya memoria permanece viva y que, por ello, la solidaridad hacia ellas debe ser permanente.
Explicó la necesidad de “cubanizarnos y venezolanizarnos” frente al dolor causado por los ataques de Estados Unidos, asumiendo ese sufrimiento como propio para actuar unidos y fortalecer la fraternidad entre los pueblos.
En su homilía, señaló que los conflictos actuales en América y Medio Oriente evidencian una peligrosa normalización de la violencia política, el saqueo de recursos y la instrumentalización de la guerra como mecanismo de control.
Advirtió que el uso de las armas para criminalizar y someter a los pueblos puede conducir a consecuencias devastadoras para la humanidad y el equilibrio ecológico global.

Asimismo, llamó a asumir un compromiso continental frente a las incursiones militares, las políticas de dominación y la explotación de recursos naturales, y alertó sobre riesgos geopolíticos que podrían derivar en graves consecuencias humanas y ambientales.
El sacerdote subrayó que la eucaristía constituye un gesto de respaldo con los pueblos de Venezuela y Cuba, y un llamado a rechazar toda forma de política colonial o intervencionista, a la que denominó “trumpismo neomonroísta”.
“La paz no puede construirse desde la imposición ni desde la violencia, sino desde la justicia y el respeto mutuo entre las naciones”, afirmó.
Durante la homilía, Francisca Peguero, en representación del Comité de Solidaridad en Defensa de la Soberanía de los Pueblos en Lucha, reafirmó el compromiso con la paz y la unidad entre los pueblos.
Señaló que la Biblia contiene múltiples pasajes contra las acciones bélicas. Citó el libro de Isaías para ilustrar la necesidad de transformar la violencia en paz y las operaciones armadas en solidaridad, y afirmó que la misa fue celebrada para implorar justicia y bienestar común.
La también sindicalista compartió el comunicado emitido el 3 de marzo por el Comité, titulado “Sesenta días de la intervención militar estadounidense en la República Bolivariana de Venezuela”.
El documento exige la liberación inmediata del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, y de la diputada Cilia Flores, secuestrados por la Casa Blanca el 3 de enero.
Además, rechaza cualquier proceso judicial que considere impuesto por la fuerza y denuncia violaciones al Derecho Internacional.
El comunicado rinde homenaje a 32 combatientes cubanos y a más de 80 venezolanos fallecidos durante los hechos, denuncia el uso de armamentos no convencionales y condena el bloqueo petrolero y naval contra Cuba.
Asimismo, expresa solidaridad con el pueblo de Irán ante recientes agresiones de Estados Unidos e Israel que, según el texto, habrían afectado instalaciones civiles y vulnerado normas internacionales de derechos humanos.
La ceremonia concluyó con un llamado a fortalecer la solidaridad entre los pueblos, defender la autodeterminación y promover una paz sustentada en el respeto a la soberanía, la justicia social y el derecho de cada nación a decidir su propio destino sin injerencias externas.
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