El agostamiento de los pastos y la sequía de los abrevaderos mata el ganado y afecta a unos seis millones 500 mil personas a migrar de sus zonas de residencia hacia las ciudades en busca de ayuda humanitaria, lamenta el texto del CICR.
La sequía es patente después de dos temporadas de lluvias fallidas que traen a la memoria los terribles recuerdos de la sequía de 2022, debidas a impactos del cambio climático.
La magnitud de la tragedia puede medirse por un reporte estadístico según el cual alrededor del 60 por ciento de los somalíes dependen para sus ingresos y aumentación de la cría de ganado.
Para agravar la situación, la ayuda humanitaria en la forma de alimentos y agua para los damnificados experimenta un sustancial descenso. Según el reporte de la organización humanitaria.
Mientras este país del oriente africano sufre por falta de lluvia en otros estados del continente, entre ellos Marruecos, tuvieron que decretar el estado de emergencia debido a los estragos causados por aguaceros bíblicos que mataron a decenas de personas y arrasaron casas y cultivos, después de sufrir una prolongada escasez de lluvias y temperaturas que rozaron los 50 grados Celsio.
La paradoja de esta catástrofe reside en que los países que más sufren los vaivenes de las sequías y las inundaciones, generados por el cambio climático son los que menos gases de efecto invernadero arrojan a la atmósfera, a diferencia de las economías desarrolladas de Estados Unidos y Europa.
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