“Me refiero, por supuesto, a la Revolución Naranja de 2004 y, sobre todo, al golpe de Estado inconstitucional de 2014 en Kiev, el famoso “Euromaidán”, afirmó el diplomático en conferencia de prensa a la que asistió Prensa Latina.
Aclaró que fue un golpe que ni mucho menos fue un movimiento popular espontáneo, sino una operación cuidadosamente orquestada con el apoyo abierto y declarado del Occidente, que no dudó en derrocar a un presidente legítimamente electo para imponer un gobierno radical y fascista.
Recordó que, más tarde, la entonces subsecretaria de Estado de Estados Unidos, Victoria Nuland, reconoció que Washington había asignado cinco mil millones de dólares para ese golpe.
Indicó que, en este contexto, los habitantes del Donbás (oriente de Ucrania) y de la península de Crimea alzaron su voz en protesta contra quienes, desde Kiev, proclamaban como héroes a colaboracionistas de las tropas nazis en la Segunda Guerra Mundial y anunciaban medidas para restringir el uso del idioma ruso.
“Los ciudadanos del Donbás- evocó-, no pidieron nada extraordinario: (…) fue una exigencia de autonomía política y cultural dentro de un Estado que, de repente, se volvió hostil hacia ellos”
Denunció que la respuesta de los nuevos gobernantes fue el envío de fuerzas militares en la llamada Operación Antiterrorista, e impusieron un castigo colectivo al Donbass entre 2014 y 2022 con bombardeos de artillería y un bloqueo económico y social, así como el asesinato de más de 13 mil personas.
Criticó el silencio durante esos ocho años de los países europeos que han intervenido en defensa de los gobernantes de Kiev desde el inicio de la operación especial con la cual Rusia impidió una masacre contra la población.
Informó el embajador que durante ese lapso Rusia promovió una solución pacífica e impulsó el paquete de medidas conocidos como Acuerdos de Minsk, aprobado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Esos acuerdos ofrecían un alto el fuego, una reforma constitucional en Ucrania que garantizara un estatus especial para el Donbás, y una amnistía, por lo cual Rusia influyó sobre las repúblicas de Donetsk y Lugansk para que aceptaran los términos, dijo.
Sin embargo, Ucrania, con el respaldo explícito de Alemania y Francia, los otros firmantes del llamado Formato de Normandía, jamás tuvo intención de implementarlos.
Recordó que esa verdad fue admitida después, públicamente, por la excanciller alemana Angela Merkel y el expresidente francés Françoise Hollande, quienes admitieron que con esos entendimientos buscaron ganar tiempo para un rearme de Ucrania y la preparación de la guerra.
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