La prensa argentina le da varios calificativos: «Ruptura», «Crisis en La Libertad Avanza», “Se profundiza la grieta”, «Pelea tóxica», «Interna», «Distanciamiento», «Tensión».
Y es una combinación de todo eso.
El más reciente choque tuvo lugar hace un par de días luego que el actual diputado nacional y exministro de Defensa, Luis Petri, acusó a la vice de apostar “por el fracaso del gobierno” y de ofrecerse a la oposición como “una alternativa” a Milei.
El mendocino continuó así la línea del propio mandatario que el domingo durante su discurso en el Congreso para inaugurar la nueva Legislatura acusó a «propios» de «soñar con el sillón de Rivadavia», dando un grosero cabezazo en dirección a Villarruel.
Villarruel, quien viajó a La Rioja para la Fiesta de la Chaya como hace habitualmente, y donde se le vio junto al gobernador peronista Ricardo Quintela, hizo catarsis en la red social X.
“Más grave fue la acusación de golpismo que sugirió el Presidente”, respondió la vicemandataria cuando la cuestionaron por haber usado el celular durante el discurso de Milei. Y exigió: «que lo demuestre porque de palabras vacías venimos desde hace décadas en la política».
En otro tuit fue menos diplomática, respondiendo a otro usuario: «dice estas huevadas y no aportan una sola prueba de sus afirmaciones».
En cuanto a los dichos de Petri, lo cruzó tajantemente, y descargó directo contra Milei: «Eso quieren, mi renuncia. Pero no se les va a dar. El 10/12/27, hasta esa fecha ocupo con honestidad mi cargo. Al que no le gusta vota lo que quiere en el próximo turno», remató.
Esta puja no es reciente, viene desde hace ya un tiempo, incluso el jefe de Estado la acusó en una presentación ante la Bolsa de Buenos Aires de “traidora” porque ella cumplió las reglas del Senado, el cual preside, y permitió que el plenario debatiera y rechazara el veto presidencial a leyes de sensible contenido social.
Esa pugna significa la ruptura política y personal entre el Presidente y la Vicepresidenta de Argentina, marcada por tensiones, desconfianza y una guerra fría. Emana –dicen observadores políticos- la renuncia de Villarruel a subordinarse a los designios presidenciales.
Villarruel ha marcado distancia con el gobierno en temas de importaciones, venta de terrenos militares y salarios de las fuerzas, buscando un perfil de «derecha nacionalista».
El conflicto expone diferencias en áreas clave de poder, la falta de alineamiento político de ella, y las aspiraciones propias de ella, con acusaciones cruzadas de «traición» y el bloqueo de su influencia en asuntos de política de Estado.
De hecho, existe una ruptura y distanciamiento, un quiebre total con un trato de él hacia ella meramente institucional y frío, evidenciado por ejemplo al no saludarla cuando se ven comprometidos a compartir eventos públicos.
Igualmente, hay una lucha por el control del Senado donde Milei utiliza a su mano dura Patricia Bullrich, hoy líder de la bancada de LLA, como palanca de presión.
Allí, la cúpula ejecutiva quiere cortar la influencia de Villarruel en el Senado y sus presuntas intenciones presidenciales para 2027 o 2031. Esta conjetura ha generado fricciones con el círculo cercano a Milei. La vida política de Argentina no ha estado ajena a esta disputa entre presidente y vicemandatario. Analistas políticos refieren la que existió entre Raúl Alfonsín (primer presidente después de la sangrienta dictadura cívico-militar) y Víctor Martínez, o la que señalan entre Cristina Fernández y Julio César Cobos en su primer mandato.
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