El comienzo de la prospección fue confirmado por el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, cuya cartera aprobó los permisos y requerimientos ambientales.
La técnica de exploración consiste en emitir potentes ondas acústicas hacia el fondo del mar para analizar la estructura geológica del subsuelo.
Estas señales sonoras, repetidas de forma continua durante largos períodos, permiten identificar posibles reservas de petróleo o gas, pero también pueden afectar a numerosas especies marinas.
Esta semana colectivos ambientalistas se manifestaron frente al Ministerio de Ambiente mientras las cámaras pesqueras aducen probables perdidas en medio de la actual campaña productiva.
Estudios científicos señalan que los ruidos de alta intensidad utilizados en las campañas sísmicas pueden provocar desorientación, estrés y alteraciones en el comportamiento de cetáceos como ballenas y delfines, que dependen del sonido para comunicarse, orientarse y encontrar alimento.
También se han documentado efectos sobre peces y otras especies que utilizan señales acústicas para reproducirse o desplazarse.
Especialistas advierten consecuencias en la biodiversidad marina y en actividades económicas vinculadas al mar, como la pesca.
Del lado del gobierno se destacó la presencia permanente de observadores de fauna marina a bordo del buque a cargo de la prospección, y la suspensión de las operaciones si se detecta la presencia de cetáceos, tortugas o pinnípedos en determinados perímetros de seguridad.
La justicia uruguaya ha denegado reclamos de organizaciones como Asamblea por un Mar Libre de Petroleras y un amparo promovido por la Institución Nacional de Derechos Humanos contra esas actividades submarinas.
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