Día de la Mujer en Brasil: jornada de lucha y resistencia

Brasilia, 8 mar (Prensa Latina) Brasil conmemora hoy el Día Internacional de la Mujer en medio de crecientes reclamos por el fin de la violencia de género, la desigualdad social y el racismo estructural que marcan la vida de numerosas brasileñas.

Para este domingo, organizaciones feministas, sindicatos y movimientos sociales convocaron marchas y actos públicos que colocan en el centro del debate la defensa del derecho a la vida, la autonomía económica y la participación política de las mujeres.

Las movilizaciones de esta jornada se producen en un contexto que activistas describen como preocupante debido al aumento de los casos de violencia y feminicidio.

Datos divulgados en enero pasado por el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, indicaron que Brasil registró en 2025 un récord de mil 470 feminicidios, cifra que confirma la persistencia de una tragedia cotidiana.

Una pesquisa del Laboratorio de Estudios de Feminicidios de la Universidad Estadual de Londrina habla incluso de números más alarmantes, al contabilizar seis mil 904 víctimas de feminicidio consumado o intentos de ese crimen el año pasado, entre ellas dos mil 149 asesinadas, lo que equivale a cerca de seis mujeres muertas cada día.

Las estadísticas sobre agresiones también despiertan preocupación, cuando un levantamiento reciente mostró que en 2025 se registraron en promedio 12 mujeres víctimas de violencia cada 24 horas en los estados analizados.

Asimismo, datos de la Procuraduría Especial de la Mujer, en el Senado, apuntan que solo en 2025 el Poder Judicial recibió más de un millón de nuevos casos de violencia doméstica, y que, durante el mismo período, los tribunales brasileños juzgaron un promedio de mil 710 hechos de ese tipo cada día.

Para organizaciones feministas, estos números revelan que la violencia contra las mujeres sigue siendo uno de los mayores desafíos sociales del país.

Las convocatorias para este 8 de marzo insisten en que la fecha debe ser entendida como una jornada de lucha, resistencia y organización colectiva, en la que también se plantean demandas relacionadas con la vida cotidiana de las trabajadoras, como salarios justos, empleo digno y el reconocimiento del trabajo de cuidados.

En este sentido, sindicatos y colectivos de mujeres han señalado que el 8 de marzo no puede reducirse a una conmemoración simbólica, sino que debe reflejar las luchas históricas por derechos sociales y laborales.

Otro de los temas centrales en las convocatorias es la dimensión racial de la violencia de género en Brasil.

La investigación Retrato de Feminicidios en Brasil, del Foro Brasileño de Seguridad Pública, arrojó que el 62,6 por ciento de las víctimas de esos crímenes en el país son mujeres negras, un dato que evidencia cómo el racismo estructural profundiza la vulnerabilidad de amplios sectores de la población femenina.

De igual modo, las organizaciones subrayan que muchas mujeres enfrentan simultáneamente violencia doméstica, precariedad laboral y discriminación racial, lo cual limita sus posibilidades de acceso a derechos básicos.

A ello se suma la persistente brecha salarial con los hombres y la elevada presencia femenina en empleos informales o mal remunerados.

Según especialistas y movimientos sociales, estas condiciones económicas también influyen en la dificultad de muchas víctimas para romper con relaciones violentas, debido a la dependencia financiera respecto a sus agresores.

Anoche, con motivo del Día Internacional de la Mujer, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se dirigió a la nación y llamó a reflexionar sobre la manera en que la sociedad trata a las brasileñas.

En su alocución, anunció nuevas medidas para enfrentar la violencia de género, entre ellas un operativo conjunto del Ministerio de Justicia y gobiernos estaduales para detener a más de dos mil agresores que, pese a tener denuncias o medidas en su contra, permanecen en libertad.

Las acciones previstas también incluyen la implantación de sistemas de rastreo electrónico para agresores cuando las víctimas cuenten con medidas de protección, la ampliación de comisarías especializadas y el fortalecimiento de las Procuradurías de la Mujer.

Tales acciones evidencian que el desafío sigue siendo enorme y diversas agrupaciones sostienen que la transformación cultural necesaria para erradicar la violencia machista requiere esfuerzos sostenidos de toda la sociedad.

Vencer los retos pendientes pudiera llevar al ideal de nación mencionado por Lula casi al cierre de su pronunciamiento: “El Brasil que queremos no es un país donde las mujeres simplemente sobrevivan. Es un país donde puedan vivir con seguridad, con la libertad de divertirse, trabajar, emprender y prosperar».

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