La selección de India se consagró campeona en una final dominante disputada en el Estadio Narendra Modi, en Ahmedabad, Gujarat, y con ese triunfo, no solo defendió su título sino que también se convirtió en la primera nación en ganar el torneo siendo anfitriona.
Durante el encuentro decisivo, el equipo surasiático mostró solidez tanto en el bateo como en el lanzamiento, y logró mantener la ventaja en los momentos determinantes del partido para asegurar el triunfo.
Especialistas deportivos consideran que el éxito refleja la profundidad del sistema de formación del cricket indio y la consolidación de una generación de jugadores que domina el formato de veinte entradas por equipo, conocido como T20.
Con este resultado, India refuerza su posición como una de las principales potencias del crícket mundial y amplía su palmarés en los referidos torneos.
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