Tres estudios internacionales advierten que los esfuerzos desplegados durante 20 años para aumentar el ejercicio entre la población apenas logran resultados.
Según las revistas Nature Medicine y Nature Health, la falta de avances se agrava por profundas desigualdades sociales y de género que condicionan quién puede moverse más y quién queda atrás.
Los investigadores puntualizan que alrededor de uno de cada tres adultos y ocho de cada diez adolescentes no cumplen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El OMS establece al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado en adultos y 60 minutos diarios en niños y adolescentes.
Recuerdan los expertos que la inactividad física se asocia cada año con más de cinco millones de muertes en todo el mundo, lo que la convierte en uno de los principales factores de riesgo para la salud pública.
Los investigadores aclaran que la mayoría de los países adoptaron estrategias para fomentar la actividad física, pero existe poca evidencia de que estas se estén aplicando de forma efectiva.
Además, el 26,5 por ciento de los países con políticas no establece objetivos medibles, lo que dificulta evaluar su impacto.
Priorizar las políticas de ejercicio físico es esencial para mejorar la salud humana, según los autores, que plantean obstáculos como la falta de consenso sobre cómo abordar el problema y la tendencia a tratarlo como una cuestión de comportamiento individual en lugar de un reto sistémico.
Los expertos exponen también que la actividad física recreativa es más habitual en los grupos favorecidos, mientras que los de bajo recursos hacen ejercicio por necesidad económica pues tiene que ir a trabajar a pie o bicicleta.
Hacer ejercicio no solo reduce el riesgo de enfermedades crónicas, también fortalece el sistema inmunitario, alivia síntomas de depresión y mejora la evolución de pacientes con cáncer, concluyen los investigadores.
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