Una edición de ese periódico que circula electrónicamente en Londres, se refiere al asunto y alarma a los contribuyentes.
Señalan que Trump dijo en repetidas ocasiones que la guerra contra Irán sería breve, lo que hacía innecesario poner en marcha medidas económicas de gran alcance. Sin embargo, los precios del combustible podrían aumentar y mantenerse altos durante meses.
Es posible que eso eleve el costo de los alimentos y otros productos que dependen del transporte. Y los consumidores y las empresas, afectados por el aumento de los costos, podrían optar por gastar menos, lo que limitaría el crecimiento económico.
Desde la perspectiva de los economistas, ese es el panorama cada vez más real y sombrío de la guerra en Irán liderada por Estados Unidos, que ahora entra en su segunda semana.
Quizá sea un conflicto creado por el presidente Donald Trump, pero se está convirtiendo en el nuevo dolor de cabeza económico del mundo, uno que ha hecho que líderes extranjeros se apresuren a buscar maneras de contener las posibles consecuencias.
Al centro del pánico está el alza del precio del petróleo que, por un momento, llegó a superar los 100 dólares por barril el lunes. Como la energía es crucial para el funcionamiento de la economía mundial, las turbulencias suscitaron temores de un conflicto prolongado con profundos efectos financieros en todo el mundo.
Tales pareceres del New York Times lo comparten analistas de otras latitudes, sobre todo los encargados de las finanzas en Londres, lo que pone en alerta a los mercados.
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