Las dos naciones iniciaron en 1946 una relación bilateral, fundamentada en un compromiso de cooperación para el desarrollo y el comercio.
Como parte de estos festejos, la víspera se inauguraron cabinas conmemorativas en Mi Teleférico, sistema de transporte por cable construido por el grupo austriaco-suizo Doppelmayr Garaventa Group.
Encabezaron esta velada el viceministro de Comercio Exterior e Integración boliviano, Rodrigo Arce, el subsecretario de Estado de Suiza, Francois Voeffray, quien cumple una visita oficial en el país andino amazónico, y la embajadora suiza, Maja Messmer.
Mi Teleférico constituye un símbolo de cómo la tecnología internacional mejora la calidad de vida urbana.
Ante las autoridades asistentes y una amplia presencia del cuerpo diplomático acreditado, el vicetitular Arce subrayó que la tecnología y la innovación suizas, reconocidas por su precisión, representan una oportunidad para impulsar proyectos productivos.
Las dos autoridades coincidieron en que, además de tener las montañas, la mediterraneidad y la multinacionalidad como rasgos comunes, las dos naciones están interesadas en fortalecer la relación económica y promover iniciativas conjuntas de crecimiento.
Una nota institucional de la Cancillería destaca que, entre 1969 y 2024, la cooperación suiza implementó más de 150 proyectos en Bolivia con una inversión aproximada de 750 millones de dólares, enfocados en desarrollo económico, gobernabilidad, derechos humanos, medio ambiente y cultura.
Respecto al comercio, se resalta que el cacao de las cooperativas bolivianas es transformado en chocolate de lujo por los maestros chocolateros suizos, mientras que la quinua real llega al mercado bajo principios de comercio justo.
Con gratitud, los bolivianos recuerdan que, en 1969, llegaron desde Suiza 90 vacas y 18 toros de raza parda, destinados a mejorar la producción lechera y cárnica de la nación sudamericana.
Los bolivianos califican de hito histórico en la relación bilateral la restitución patrimonial en 2014 de la Illa del Ekeko, ancestral símbolo andino, devuelto desde Berna a La Paz.
Pieza de gran significación en la religiosidad y la cultura aymara, la Illa había sido robada hace más de 155 años del centro espiritual y político de la cultura Tiwanaku.
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