En el corazón de Chongqing, donde el eco de cada golpe suele pertenecer al imperio de la raqueta china, Lebrun —apenas un adolescente y ya quinto del mundo— empuñó su peculiar agarre vertical como si blandiera una espada antigua y desarmó al prometedor Wen con un triunfo de 4-1 (11-5, 11-8, 9-11, 11-7, 13-11) tras cerca de una hora de combate eléctrico.
El duelo final enfrentó a dos jóvenes de 19 años llamados a protagonizar el futuro del deporte, pero fue el francés quien escribió la página más luminosa al moverse sobre la mesa con la agilidad de un relámpago y la precisión de un relojero, desbaratando cada intento de reacción del ídolo local.
La derrota dejó al poderoso equipo chino sin títulos en uno de los torneos más prestigiosos del calendario, parte de la serie World Table Tennis, solo por detrás de los Grand Smash y las Finales del circuito, y considerado el certamen más importante del mes de marzo.
Esta caída resultó aún más dolorosa para los anfitriones tras la temprana eliminación del número uno del mundo Wang Chuqin, lo que había colocado sobre los hombros de Wen Ruibo la esperanza de salvar el honor del tenis de mesa chino frente a su público.
La jornada también deparó otra sorpresa en la final femenina, donde la japonesa Miwa Harimoto derrotó en un dramático duelo a siete juegos a la china Kuai Man, sellando un día inusualmente amargo para el gigante asiático.
Entre murmullos de asombro y aplausos resignados, Chongqing fue testigo de una escena impensada hace apenas unos años: la fortaleza china del tenis de mesa sacudida por nuevas fuerzas, mientras Lebrun levantaba el trofeo como quien anuncia, con gesto juvenil, el amanecer de una nueva era.
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