El hallazgo ocurrió durante los preparativos de una exposición sobre técnicas artísticas del antiguo Egipto, cuando especialistas analizaban un ejemplar del Libro de los Muertos perteneciente a Ramose, un alto funcionario y escriba real que vivió en el siglo XIII antes de nuestra era.
Los conservadores identificaron en una de las ilustraciones del papiro, que data de hace aproximadamente tres mil años, unas finas líneas de pigmento blanco que no formaban parte del diseño original, informó el medio National Geographic.
Mediante técnicas de espectromía de fluorescencia de rayos X, determinaron que la pintura blanca contenía calcita y huntita, dos minerales utilizados en la pintura egipcia.
No obstante, su composición difería de otros blancos presentes en la misma escena, como el de la túnica del funcionario, elaborado solo con huntita, lo que indica que fue preparada específicamente para ocultar o modificar trazos previos, amplía la publicación.
A criterio de los especialistas del museo británico, observaciones similares en otros manuscritos egipcios de distintas colecciones internacionales podría demostrar que se trataba de una práctica más común de lo que se creía.
El papiro de Ramose fue descubierto en 1922 en una tumba al sur del Cairo, y está considerado uno de los ejemplares más elaborados del Libro de los Muertos que se conservan.
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