El funcionario, de 93 años en la actualidad, está acusado de propiciar el arresto del prócer africanista, primer ministro de Congo exbelga y de complicidad en el arresto, trato humillante y posterior asesinato de Patricio Lumumba por mercenarios belgas en una operación apoyada por el gobierno de Estados Unidos de la época que lo acusaba de comunista.
Tras ultimarlo junto a dos colaboradores cercanos, Maurice Mpolo y Joseph Okito, sus cadáveres fueron disueltos en ácido.
Sin embargo, en fecha reciente un soldado belga entregó a los familiares un diente que rescató de las cenizas, sobre el cual se erigió un monumento en Kinshasa, la capital del exCongo Belga hoy República Democrática del Congo (RDC).
Los familiares de Lumumba se dijeron “aliviados” de que el caso llegara a la justicia.
El acusado negó los cargos y sus abogados de la defensa argumentaron que ha pasado demasiado tiempo desde los hechos en una primera vista a puertas cerradas, pero el tribunal dictaminó llevar el juicio hasta el final.
La hoy RDC fue escenario de uno de los mayores genocidios de la historia ejecutado por el monarca belga Leopoldo II quien durante su reinado, de 1865 a 1909 causó la muerte de 10 millones de congoleses, la mitad de la población del país que era de unos 20 millones de seres humanos.
Otros cómplices del asesinato de Lumumba, Moise Tshombe, Joseoph Kasavubu y Joseph Mobutu escaparon de la justicia por la vía de la solución biológica: fallecieron sin enfrentar un tribunal.
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