Coca Codo Sinclair, ubicada en la Amazonía ecuatoriana, depende del caudal del río Coca, por lo que la actual etapa de estiaje afecta de forma directa su operación.
Ante este escenario, el Operador Nacional de Electricidad pidió el 17 de marzo a industrias y empresas privadas activar motores y turbinas por una alerta de déficit asociada a menores aportes hídricos y a contingencias no programadas en el parque generador.
Aunque el Ministerio de Energía dijo después que la medida no era obligatoria y que la situación se normalizó el 19 de marzo, desde el sector industrial se indicó que varias empresas de Guayaquil continuaban con autogeneración.
La caída de la generación de Coca Codo Sinclair obligó a elevar la operación del Complejo Integral Paute, otra infraestructura hidroeléctrica esencial en el país, que llegó al 70 por ciento de su capacidad máxima.
Al mismo tiempo, se reportaron cortes no programados en Quito y Guayaquil.
Según la Empresa Eléctrica de la capital, los eventos obedecieron a desconexiones en la línea principal, mientras que en Guayaquil, autoridades señalaron que algunas interrupciones respondieron a operativos vinculados al toque de queda vigente en cuatro provincias.
El Gobierno ha negado que exista una crisis eléctrica y afirmó que el uso del embalse de Mazar, en el sur del país y clave para la generación, forma parte de la gestión normal del sistema durante la fase final del estiaje.
Aún así, expertos del sector consideran que el sistema es vulnerable, sobre todo porque Colombia, a quien Ecuador compraba electricidad en situaciones así, decidió no vender energía como parte de su respuesta a la imposición de aranceles.
El ingeniero Marco Acuña, miembro del Consejo Consultivo de Ingeniería y Economía, dijo a Radio Pichincha que el problema no es únicamente de energía disponible, sino de potencia para cubrir los picos de consumo.
En 2024, Ecuador enfrentó tres meses de apagones de hasta 14 horas diarias.
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