En este sentido, consideró que se trata de una epidemia silenciosa que avanza de forma progresiva y casi imperceptible. Más de mil millones de personas en el orbe viven hoy con obesidad, incluyendo alrededor de 650 millones de adultos, 340 millones de adolescentes y 39 millones de niños, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
“Los patrones alimentarios influyen en nuestro microbioma tanto como en nuestra salud futura”, afirmó Javier Pascual, experto en microbiota y profesor de la Universidad Europea de Valencia.
En el caso de Europa, la propia OMS advierte de que cerca del 60 por ciento de la población adulta presenta exceso de peso, con mejores cifras en aquellos países donde se mantiene un patrón dietético de inspiración mediterránea, basado en productos frescos, locales y de temporada.
El estudio del centro universitario señaló que la evidencia científica subraya, además, que este exceso de peso se asocia con alteraciones del microbioma intestinal y con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas, lo que refuerza la importancia de promover hábitos alimentarios
saludables y sostenibles.
A tono con esta realidad, la Universidad Europea de Valencia (UEV) recalcó la necesidad de analizar la alimentación desde una perspectiva que conecte la ciencia, la salud y la sostenibilidad, promoviendo una toma de conciencia más profunda sobre la relación entre lo que comemos, su impacto en el organismo y su vínculo con el entorno.
Javier Pascual, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UEV, argumentó que “los patrones alimentarios influyen en nuestro microbioma tanto como en nuestra salud futura”.
La alimentación no debe entenderse únicamente como un acto nutricional, sino como un elemento central para la prevención en salud, apuntó.
“Una dieta equilibrada, rica en fibra y basada en alimentos mínimamente procesados, tiene efectos directos sobre la composición del microbioma. Y ese microbioma regula procesos clave como la digestión, la respuesta inmunitaria o la inflamación”, añadió.
Asimismo, aseguró que los probióticos, prebióticos y postbióticos, representan una vía emergente y prometedora para avanzar tanto en salud como en sostenibilidad.
“Contribuyen a sistemas alimentarios más responsables, valorizan subproductos y permiten desarrollar alimentos funcionales con mayor valor nutricional”, comentó.
A su turno, Raquel Martín, directora de la Clínica de Sostenibilidad de la UEV, resaltó el papel de la cultura alimentaria como herramienta
de transformación social.
“Todos debemos hacer un esfuerzo por no dejarnos llevar por lo cómodo y rápido, sino por aquello que nos aporta calidad y cultura alimentaria. Comer bien también es un acto de identidad y de responsabilidad colectiva”, opinó.
Agregó que “la educación alimentaria debe pasar de generación en generación; es así como se preserva un modelo que es saludable para las personas y sostenible para el planeta”.
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